Monday, May 30, 2011

La imperiosa necesidad de devolverme de San Telmo cuando oigo The Fire. Sola, en la tarde, como volviendo a hacer algo, como teniendo que volver, con seguridad sabiendo que esa es la dirección. No quiero ir a San Telmo, no hay más lejos que San Telmo y quiero devolverme de San Telmo y cruzar la avenida en cuatro tiempos y esperar que venga el colectivo frente a la facultad de arquitectura o ingeniería y sentir el viento que movía el vestido verde pomposo de la chica que tenía mi saco de cielo negro esa noche del concierto de Air. Podría ser de día.

Atravesar toda la costanera viendo el río, el día que salí de tu casa en el centro hacia la mía, que aún no era mía, viajar en auto y ver Buenos Aires desde arriba, como lo ven sus habitantes. Ver el club de pesca que sólo a mí me sorprendió. Hacer un picnic en la mitad de los bosques de Palermo en un día gris de invierno perseguidos por los patos, arrinconados en los ladrillos de la costanera y repasar siempre los rastros durante los viajes en colectivo hacia Libertador. Al club yo lo veo en la mitad del río flotante. Pensé en el restaurante palafito al sur de Chile. Atravesar la costanera porque el sur es hermoso y los puentes para tomar distancia y tenerlo todo más cerca (del sol).

Erizarse con el viento del puerto acostados en el pasto durante en el verano, viendo las flores cerca de las construcciones de los edificios de los porteños mientras se derrite el helado de agua roja y verde. Querer quitarte todo. Devolvernos caminando contra el viento, chorreados de Freddo en los labios y el cuello y en los vestidos delgados a punto de irse. Todas las mujeres hermosas.

Quiero que Juan Pablo vuelva a perderse, quiero que estemos solos buscándolo, asustados como si fuera un misterio y tengamos un pretexto para caminar por encima de los muros del parque atravesando con la mirada las espigas grises, viendo cómo enfrían la luz y nos pierden la distancia en el cielo aún rosa del verano.

Salir de tu casa, o de la mía, caminando en la noche hacia el cine, sin obligaciones, sin planes. Caminar por el centro. Bajar, porque siempre parecía bajando y nunca sé, por Suipacha y hablar de la gente extraña que se encuentra por ahí. Pasear por Corrientes cerca al motel del italiano exuberante. Tener calor. Siempre tener calor. Viajar en subte leyendo Demian y perder las estaciones, perder la clase, perder la hora, bajar como si nada, cruzar la calle, admitir el engaño, volver atrás, sentarse frente a la Facultad de Medicina media hora, una hora, recibir en la espalda el sol de finales de invierno, pensar demasiado. Nadie se fija. Entrar en la estación, perder el rumbo, tomar uno a Juramento, seguir creyendo en el fracaso, seguir perdiendo horas, dejándolas ir. (El sol sabe más del tiempo).

La cumbia y la luz hexagonal en la ropa. Devolverme de San Telmo como quien cumplió su propósito, como si no hubiera nada más a dónde ir, no volver al Proa, nunca más después del concierto fallido. Un fracaso. Volver como si hubiéramos hecho algo más que tomar el sol, como si pudiera volver a casa, o ir a algún lado, pero que ése sea, que ése sea.






5 Comments:

Anonymous Anonymous said...

que libro leías?

11/6/11 08:02  
Blogger Rain said...

Un post de tonalidades, que se ve todo en nebulosa como secuencias de fotos narradas. Poetry.

3/7/11 15:06  
Blogger Poli said...

leía Demian de Herman Hesse

Gracias Rain ♥

12/8/11 19:00  
Anonymous Anonymous said...

http://vimeo.com/ianruschel/lascalles

Un medio de transporte leerte.

6/9/11 20:46  
Anonymous H. said...

<3
(No sé cómo hacerlo de verdad)

10/2/12 09:27  

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