Monday, January 07, 2013

Hay una diferencia entre no tenerle miedo a la muerte y querer morirse. Tal vez una muy grande. Tal vez la fuerza reside en no temerle y querer vivir. Y tal vez los que se quieren morir aún no han dejado de temerle en algo. Odian algo de la vida. Tal vez buscan redención. Tal vez no. Saben que la muerte es la inexistencia. Eso siempre fue lo que me gustó de él: no tenía miedo de morir. Ahora entiendo que lo que odiaba yo era su deseo de morir y que en el medio a la vez me parecieran tan valientes aquellos que lo llevaban a cabo, igual que hoy. 

Ojalá yo fuera tan especial como Maria de las Estrellas (o probablemente lo que era tan sólo la idea de ella), que a los siete comprendía lo que apenas comprendo ahora o Susan Sontag, que a mi edad ya sabía todo lo que aún no sé y quizás no sepa nunca. En todo caso, ¿cuál será la diferencia fundamental? 

La vida no es así.
La vida resplandece 
hasta que se va. 
 María de las Estrellas
O alguien más bajo su nombre. 

Tuesday, January 01, 2013


Otra cosa: el día del restaurante hindú volví a escribir sin pudor. Una dignidad nueva y vieja y refundida. Sin lectores imaginarios, sin buscar la salvación en la idea del mutuo entendimiento. La cena se valía anticipada al acontecimiento de la tranquilidad en la ignorancia mutua. Se hablaba de nada y de todo. La velada plantaba lo que sería la fuerza de un texto sin temor que venía esperando tanto tiempo. Se llama ¿Y qué?. Es la confianza que nace cuando se tiene la certeza de que siempre existe un margen de error. Sólo así vale buscar, afirmar e indagar sin miedo de tantas contradicciones e hipótesis sin comprobar. Reivindicar la duda en confianza es apropiarse de la hoja blanca y es a su vez recuperar con quién debatir, y se siente como un gran backup que de nuevo da cuerpo a las ideas, que aprieta la tierra y se abre al aire y toma fuerza.