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Friday, April 29, 2011
Thursday, April 21, 2011
Ya no
Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.
—Idea Vilariño
*
I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.
II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.
III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.
IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.
V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.
VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.
VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.
VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.
IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.
X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé.
Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.
XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.
XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola.
Hay alguien aquí que tiembla.
XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.
XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.
XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy.
Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.
XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.
II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.
III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.
IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.
V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.
VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.
VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.
VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.
IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.
X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé.
Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.
XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.
XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola.
Hay alguien aquí que tiembla.
XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.
XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.
XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy.
Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.
XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.
XVII
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.
XVIII
Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.
XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo,
he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.
Alejandra Pizarnik
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Wednesday, April 20, 2011
*
Pensé que voy a estar como una bola de manteca para cuando llegue. Siempre me acuerdo de la bola de manteca porque tenía una película de los chipmunks cuando era chiquita en la que Teodoro no podía parar de comer cous cous y cuando estaban cerca a morir colgados de un puente le decían que por comer tanto cous cous parecía una bola de manteca y se iban a morir por su culpa. La bola de manteca nunca comió cous cous en la película y realmente siempre los perseguían cuando se iba a comer su plato de cous cous en un lugar que parecía una ciudad en Portugal pero era Paris. Sufría mucho y siempre me pareció muy refinado tanto su antojo como el insulto. Refinado para mi edad porque no sabía qué era el cous cous y me parecían unas bonitas palabras. Mi primera idea de refinamiento. Mi segunda idea de refinamiento fue el insulto, me pareció maravilloso cómo utilizar bola de manteca de una forma tan diferente a como la habría imaginado u organizado. Eran palabras nuevas y además eran bonitas. Diré por siempre bola de manteca, pensé. Y tal vez todo esto fue causante de mi gusto por las palabras nuevas y seguramente de la posibilidad de insultar con ellas. Terrible esto último. Hermoso devenir aquello. Le pregunté a mi mamá más tarde, mucho más tarde, qué era el cous cous, porque lo había guardado para mí y quería que siguiera siendo como el mantecado, como la comida que comen los personajes ficticios, que nunca parece de verdad ni suena de verdad. Como una traducción. La comida traducida es como una voz traducida, extraña y absolutamente ficticia, con algún vínculo extraño con la realidad que no termina de convencernos ni de sus razones para ser tan extraña. Las voces, las expresiones, pero sobre todo, la naturalidad en la falta de naturalidad que se atraviesa. ¿Se suponía que el mantecado era helado? Todo era nuevo y no tenía esperanzas de que fuera natural alguna vez, aún. Quería actuarlas. No conocía la naturalidad mejor que la conozco ahora, pero reconocía la novedad extraña y diferente de la mía y la deseaba, porque debía haber más de donde venía todo ese teatro que hiciera que todo se expandiera y pudiera ser más que un nombre convencional para lo que decía. Así fue como me guardé el mantecado y el cous cous en mi stock personal de palabras y cosas bonitas, frases pequeñas resonantes y maravillosas que nunca dejaron de serlo. Mucho más tarde supe que sí había probado el cous cous, en Paris, mucho antes y que no podría recordarlo. Que me había gustado como a Teodoro.
{Yo quiero hablar de mantecados y por mantecados todos los días de mi vida. Qué raro que se siente últimamente la insistencia visual de lo común, esto de que tal vez todos seamos iguales y que nos gusten las mismas cosas y que nos sorprendamos por lo mismo, y que nuestros Tumblrs estén llenos de las mismas imágenes. Qué terrible es la naturalización de lo performativo y de lo común. Será una neurosis pero qué terrible es la naturalización de nuestros placeres y de lo que aprendimos y entonces, también de nuestra singularidad. Todo quisiera ser de todos y lo desagradable es que parece ser, en su presentación del todos, una afección genérica y atravesada de la misma manera. ¿Residirá en algún lugar de la imagen la diferencia?}
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Monday, April 18, 2011
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Animal De Invierno
Otra vez es tiempo de ir a la montaña
a buscar una cueva para hibernar.
Voy sin mentirme: la montaña no es madre, sus cuevas
son como huevos vacíos donde recojo mi carne
y olvido.
Nuevamente veré en las faldas del macizo
vetas minerales como nervios petrificados, tal vez
en tiempos remotos fueron recorridos
por escalofríos de criatura viva.
Hoy, después de millones de años, la montaña
está fuera del tiempo, y no sabe
cómo es nuestra vida
ni cómo acaba.
Allí está, hermosa e inocente entre la neblina, y yo entro
en su perfecta indiferencia
y me ovillo entregado a la idea de ser de otra sustancia.
He venido por enésima vez a fingir mi resurrección.
En este mundo pétreo
nadie se alegrará con mi despertar. Estaré yo solo
y me tocaré
y si mi cuerpo sigue siendo la parte blanda de la montaña
sabré
que aún no soy la montaña.
José Watanabe
Otra vez es tiempo de ir a la montaña
a buscar una cueva para hibernar.
Voy sin mentirme: la montaña no es madre, sus cuevas
son como huevos vacíos donde recojo mi carne
y olvido.
Nuevamente veré en las faldas del macizo
vetas minerales como nervios petrificados, tal vez
en tiempos remotos fueron recorridos
por escalofríos de criatura viva.
Hoy, después de millones de años, la montaña
está fuera del tiempo, y no sabe
cómo es nuestra vida
ni cómo acaba.
Allí está, hermosa e inocente entre la neblina, y yo entro
en su perfecta indiferencia
y me ovillo entregado a la idea de ser de otra sustancia.
He venido por enésima vez a fingir mi resurrección.
En este mundo pétreo
nadie se alegrará con mi despertar. Estaré yo solo
y me tocaré
y si mi cuerpo sigue siendo la parte blanda de la montaña
sabré
que aún no soy la montaña.
José Watanabe
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