Friday, January 23, 2009



Where's my glue
?


Y es la barba, que se ve azul gracias al reflejo de la pantalla mientras te suspendes, de reojo. La barba. Esa. Por alguna razón me invento que se refleja también ahí. O es que me es especialmente atractiva porque nunca antes había estado ahí, ahí donde crece, donde antes no había nada. Lo mismo pasa con el pelo. Sí. Es especialmente atractiva. Y estás ahí, suspendido, de reojo suspendido, mientras Tim, o Ben o Morgan y el placer, y el cuerpo sigue el reflejo de la luz azul, en la barba, que se confunde con el pelo, y ahí, a la izquierda, yo miro al frente.

Escribir. La conclusión es la necesidad, básicamente. El silencio en la garganta mientras a tu lado lo veo todo y no lo puedo decir. Lo veo todo. Veo lo que ví y lo que está. Como en la ducha, como las cuentas de cobro. Y no tengo más remedio que la aburrición de los días que no tienen más salida. Así salí. Salí mediana y poco hábil para los exteriores. Decir y nombrar serán mi fuerte. Es lo mismo. Lo que me empaña es lo mismo que me brilla o cuántos tantos más que ya sabemos y bla bla bla. ¿Y bla bla bla? Ahí está todo. Sin otra opción sale hacia los lados más y menos interesantes, parezco imposibilitada a la experiencia por mis propios medios. Se tiene que volver a dar, a poner algo, sacar algo, ofrecer-cualquier-cosa , como sea que sea decirse, cuando no hay sino una garganta llena. Pero por qué tan llena? como si alguna vez fuera vaciada realmente, ¿qué interesa? se vuelve a llenar, y lo lleno me trae desconfianza. Y sigues ahí mientras que a Morgan, que no se llama así ni es él, sino alguien devastadoramente hermoso, le cambian los ojos de color y ella llora. Yo te siento a mi lado y me conmuevo, tanto como tú, pero me es ridículo. Y qué ridiculez esa. Toda. Lo veo todo. Todo de nuevo y ya no es lo mismo. Ahora sí que este tema de esas nostalgias está pasado. (Relaciónese con el estado de una fruta).

Dudo de esto, de una nueva salida, de la necesidad franca. De su franqueza, mejor, y de si esta incapacidad no supera más bien cualquier ambivalencia de brillo/empañe. Pero no dudo de lo que me conmueve. ¿Y bla bla bla? Ahí está todo. Dudo de las ridiculeces, de ciertas nostalgias en busca de melancolías acreditadas para sufrirse. Y viceversa. Y de gran parte de la naturaleza de mis silencios. Dudo del punto ciego en el que no sé con qué cuento le salí al adiós y de dónde estacionar las palabras que no se dijeron por imposibles, de qué hacer con un silencio no prudente sino privilegiado por las brechas de imposibilidades y pérdidas de lenguaje en la ruptura. Ahora al salir, tarde, un día entero tarde, dudo de si esto no es más que rehacer la pose y desempacar una nueva vieja autocensura, cuando se cree que no.


whether you fall, tracy bonham

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