"No más amor"
Eso dije alguna vez. Un deseo de acción motivada por la palabra, un ilusionista, y un cuento con un juicioso narrador. Alguien me respondió "No, al revés, más amor".
No sé en qué se diferencian mis razones para escribir hoy a las que antecedieron al profundo silencio. Pero nunca se pueden dar nombres tan determinantes cuando no son cuidadosos así que prefiero no hacerlo. No más escritura. No lo tuve que decir siquiera. No podía decirlo, no podía escribirlo. Fue real. El hecho es que en las distancias de lo que la fantasía recorre y la de los abismos entre lo que se dice y lo que es (que comprendo siempre ignoraré y por lo que ahora intento determinar si su distinción debe existir); y la de los límites del deseo en el mundo, de repente, el mundo habla en un limbo, hace hummmmmmmmmm y muy fuerte, cuando en fila se toma un turno para cada desconocido. Mirarte tan cerca, desconocido, es ver mi reflejo mientras tu párpado tiembla. Cada mirada es una perspectiva del mundo, en tanto que cada una, en la mayor de las primeras prevenciones, me fortalece o me debilita. Cada una ve algo diferente, en silencio, sin voces de las que se ausentan.
Así se restaura mi mirada y me abriga en la diferencia. El mundo habla. Todos sus habitantes, todos tan diferentes, todos tan iguales, tan tristes y tan grandes. No es una labor social. ¿Qué más da si se abren las palabras en un encuentro? Las razones para hablar han sido devastadas, las distinciones no son claras, pero ya no se idealiza igual, se intenta mantener la mirada aún temblando, sin cerrar los ojos porque al tercer día se puede hacer. Es por algo mayor que "mis" cosas son.
Algunos fantásticos se quedan, sin cura y sin nostalgia, tras tantas paradas, para decir al mundo.
Eso dije alguna vez. Un deseo de acción motivada por la palabra, un ilusionista, y un cuento con un juicioso narrador. Alguien me respondió "No, al revés, más amor".
No sé en qué se diferencian mis razones para escribir hoy a las que antecedieron al profundo silencio. Pero nunca se pueden dar nombres tan determinantes cuando no son cuidadosos así que prefiero no hacerlo. No más escritura. No lo tuve que decir siquiera. No podía decirlo, no podía escribirlo. Fue real. El hecho es que en las distancias de lo que la fantasía recorre y la de los abismos entre lo que se dice y lo que es (que comprendo siempre ignoraré y por lo que ahora intento determinar si su distinción debe existir); y la de los límites del deseo en el mundo, de repente, el mundo habla en un limbo, hace hummmmmmmmmm y muy fuerte, cuando en fila se toma un turno para cada desconocido. Mirarte tan cerca, desconocido, es ver mi reflejo mientras tu párpado tiembla. Cada mirada es una perspectiva del mundo, en tanto que cada una, en la mayor de las primeras prevenciones, me fortalece o me debilita. Cada una ve algo diferente, en silencio, sin voces de las que se ausentan.
Así se restaura mi mirada y me abriga en la diferencia. El mundo habla. Todos sus habitantes, todos tan diferentes, todos tan iguales, tan tristes y tan grandes. No es una labor social. ¿Qué más da si se abren las palabras en un encuentro? Las razones para hablar han sido devastadas, las distinciones no son claras, pero ya no se idealiza igual, se intenta mantener la mirada aún temblando, sin cerrar los ojos porque al tercer día se puede hacer. Es por algo mayor que "mis" cosas son.
Algunos fantásticos se quedan, sin cura y sin nostalgia, tras tantas paradas, para decir al mundo.
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