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Sola. Sé que vale la pena hacerlo. Vale la pena ser valiente, tener la valentía para tener el miedo, para dolerse, para soltar y aceptar que me he encontrado durante mucho tiempo en un engrampe. Pero no en la relación "todo lo que brilla en mí no es más que lo que me empaña". No como lo bello y conceptual de lo literario. No en donde mi dificultad para hablar y decir y nombrar y su inmenso abrumador ciclo de peligroso fetichismo por las palabras se desata en la potenciación de darlas, de producirlas hasta un brillo brillante por no lograr dar más que su propia incapacidad de representación sesgada. Hasta su enaltecimiento. Desde la indecibilidad sublime y anterior. No. Qué poco se puede hablar de la indecibilidad con belleza cuando el mutismo se ha hecho costumbre por violencia.
Hay tantos tipos de silencio...
El mío ha sido indecibilidad. Se ha dicho indecible. Se ha sofisticado por encima de lo indecible. Se ha quedado quieto, también, y se ha disfrutado. Ha sido ruido y ha sido automático. Mi silencio ha sido Rilke y mi silencio ha sido Pessoa. Pero un silencio estructuralmente violento también estuvo ahí. Nunca hablé. Nadie lo sabe, no así. Yo nunca lo dije. Nunca me dijeron que así no funcionaban las cosas. Tal vez tampoco lo sabían. A veces me parece verdaderamente inconcebible que alguien continúe haciendo daño para librarse de su propia culpa.
Sin embargo, creo que siempre me fue relativamente bien a la hora de ponerlo en palabras esquivas, pero coherentes, de lucharlo en el texto, y de leerlo con pausas. Mi forma de gritar. Llevar por un camino honorable las atrocidades del cuerpo. Me lo apropié con distancia. Pero me movía algo por dentro que entre el horror por el cultivo de la ignorancia y la necesidad de transformar el silencio, de gritar. Grité, a mi manera, que fue por cierto, una muy moderada, para la literalidad que vibraría después.
Y vibró porque alguien vio. Lo supo. Y nombré al dolor por su nombre. Mi primera respiración habrá sido cuando yo supe. Sólo supe porque alguien supo que yo no veía, que yo no sabía, no del todo. El grito vagabundo que alguien quiere pegar y no lo dejan. Y entonces, el aire se vuelve un desconocido. Entendemos que no lo respirábamos así, tanto. No conocía ese aire ni la primera violencia del segundo primer aire, este que, aún mío, necesita del otro, y de tener que llorar para gritar, de llorar para respirar y sí, de invocar para nacer.
Pero entonces... hoy. Hoy está el engrampe. Y ahora, te hablo. Ese mismo del inconcebible daño repetitivo, violento, que se ciñe como una musical y lyric-ally "thin story" que cubre cualquier otra historia si contiene elementos comunes, me niega la esperanza en el proceso de abrirle paso a mi voz, porque debo dejar-te ir, no sin antes irme yo, porque como por factorización en colores prismacolor, sobre números de mismas propiedades que se eliminan, repetiste mi historia, y en la nueva voz, en algo me diste a mí.
Con tilde, sin tilde. Erre ¡por! erre cigarro. A veces creo que la contingencia blooms el ajuar. Pero la violencia en la carne, no en todos camina igual. Nota por lengua canario. Y nota por lengua candado. Quién sabe. Una matemática compulsiva que no me dejó en paz, ni siquiera a la hora de pronunciar dos veces la misma palabra.
Gritar sin que la contingencia me abrume. Gritar sin que la violencia nos destruya. El grito, tal vez la risa, invocan al cuerpo todos los días. Se asteriscan en mi lengua y en la garganta. Pero sin piedad, un silencio estructuralmente violento se hace paso, y de nuevo, luego de darme vida, sólo me repetiste, repetiste aquello que no debía ser, el mismo tipo de dolor. Así que los asteriscos siguen pidiéndote algo a ti y a todo lo que prefirió hacerme sacrificio acostumbrado. ¿Potenciados por otras singularidades o atravesados por una violencia muda y enferma? Se ven, de repente, como una larga fila de productos que al rimar acaban sin carne.
Entre tanto, sigue doliendo. Hablar. ¿Cambiará? Y si la persistencia musical es vocativa, ¿a quién quiero invocar?
Pero no nos hagamos promesas, nunca, nunca, "nunca".
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lam: electric counterpoint: slow + steve reich
2 comments:
“Have patience with everything unresolved in your heart and try to love the questions themselves as if they were locked rooms or books written in a very foreign language. Don’t search for the answers, which could not be given to you now, because you would not be able to live them. And the point is to live everything. Live the questions now. Perhaps then, someday far in the future, you will gradually, without even noticing it, live your way into the answer.” - Rainer Maria Rilke
gracias mi pantufla. muchas gracias. ♥
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