Friday, August 17, 2012


Me dejan en mi casa un par de señoras. A ninguna le importa lo que hago, y al fin y al cabo, mi curiosidad seguramente también está inerte. Organizo una porción de arándanos, queso, yogurt y galletas de fibra a las 2:00 am, y es hoy, también, una forma de resistencia. Así como comer carne abundantemente durante dos semanas al regreso del viaje fue una forma de resistir a comer con esta familia tan particular, a diferencia de su casa, en otra ciudad en la que siempre decidieron qué comer sobre la marcha pero con deseo, de qué hablar, a qué hora, convocando a todos sin afán, con ligereza, sin miedo, compartiendo en torno a cualquier cosa con detalles, departiendo con gusto, reconfigurando la riqueza, y acá, que cocinan siempre lo mismo y se quedan en silencio durante todas las comidas.

Y mi comentario es desagradecido: no siempre cocinan lo mismo y no siempre se quedan en silencio. Más a menudo se repite esta última situación. Pero se trata de la experiencia de la no repetición. Esa que allá no sólo por la novedad no se repetía sino porque en la experiencia se forman vínculos al no estar presos en lo que acá es un orden inamovible. 

Comí y quise comer de nuevo porque volví a desear. Así, no quise perder la costumbre y de vuelta subí más de 4 kilos.

Ahora de regreso la experiencia dejó de ser apetito para volverse gula. Buscaba la repetición. Y así es como mi porción de hoy es una nueva forma de resistencia que busca venir del mismo lugar. No restringirse, pero alimentarse. Ya no se trata de comer carne, de probar salsas, de guardar apetitos y tomar café a primera hora de la mañana. Ya no lo tengo, no lo puedo recrear así. Tal vez sea una solución insuficiente para resistir de nuevo a toda señora insulsa, a todas estas conversaciones vacías, a tanta falta de mesa y a tanta repetición sin reinstauración y estar ahí para mí, como alguien más que me pide cuidarme. Es que la participación no se funda en acuerdos convencionales ni tácitos ni en la transacción, en ellos las palabras no conocen su significado. La participación no es real sólo por cuenta de la novedad, sino por cuenta de algo más que de alguna forma logra hacer que todo pueda fundarse como si usáramos las palabras por primera vez. Al volver, estoy buscando decir y alimentar lo mismo, no necesito rellenarme para estar satisfecha. El apetito es el deseo y el deseo acá se drena triste. No es culpa de nadie. Pero busco hacerlo, porque podemos decir cosas diferentes con las mismas palabras y podemos tener un mismo apetito pero satisfacerlo de muchas formas. Hoy hago todo diferente pero resisto. Hoy resisto a las mismas faltas. 

Cómo duele no crecer y aprender a cuidarnos juntos. O saber si estás haciendo lo mismo. 

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