Lo vi mil veces. Lo había olvidado. Es el mismo niño y es él, su nariz gigante, naranja. Son las escaleras y su papá que lo ve correr. Soy yo micro que está guardada en una serie de trazos y sonidos y movimientos y combinaciones de trazos y sonidos y movimientos y son todas él, su amigo, y yo. Juntos. Lo vi mil veces. En la cama de mis papás, con las cortinas cerradas, con la cobija gigante de las hojas de otoño verdes y amarillas oscuras. Por las noches dormía con volar, y con tener un amigo como él. Siempre que lo veía lloraba. Era hermoso y conmovedor y era como yo. Feliz pero triste. Hoy también quiero. Había olvidado todos los objetos y personas que me rodeaban en ese entonces y que hoy son ya tan diferentes. O ausentes. Sigue siendo mío, aún si no sé su paradero exacto, o cómo llegar. Es mi memoria y es mi tamaño. También lloraba porque su amigo se derretía. Su amigo, él, se derretía, se olvidaba y se iba también.
Thursday, February 28, 2013
Lo vi mil veces. Lo había olvidado. Es el mismo niño y es él, su nariz gigante, naranja. Son las escaleras y su papá que lo ve correr. Soy yo micro que está guardada en una serie de trazos y sonidos y movimientos y combinaciones de trazos y sonidos y movimientos y son todas él, su amigo, y yo. Juntos. Lo vi mil veces. En la cama de mis papás, con las cortinas cerradas, con la cobija gigante de las hojas de otoño verdes y amarillas oscuras. Por las noches dormía con volar, y con tener un amigo como él. Siempre que lo veía lloraba. Era hermoso y conmovedor y era como yo. Feliz pero triste. Hoy también quiero. Había olvidado todos los objetos y personas que me rodeaban en ese entonces y que hoy son ya tan diferentes. O ausentes. Sigue siendo mío, aún si no sé su paradero exacto, o cómo llegar. Es mi memoria y es mi tamaño. También lloraba porque su amigo se derretía. Su amigo, él, se derretía, se olvidaba y se iba también.
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