Tuesday, July 02, 2013

Hay días en los que la sensación de esos años me inunda. Lo tengo prohibido. Pero más adentro me prohibo prohibírmelo. Me rehuso a olvidarlo. Me rehuso a pensar que esa emoción, esa mirada, esa encarnación de otra sea inalcanzable por ser irrepetible. Le comentaba que a veces para despojar a los recuerdos de toda sensación, para que no se fuera perdiendo con el paso de los días tenuemente todo, me acostaba en mi cama tardes enteras a recordar intensamente. Quería volver a vivirlo todo y agotarlo, para no perderlo sin darme cuenta. Funcionó en algun momento. Pero con este vacío no quiero agotar lo que queda porque ya no queda nada a qué volver, y esa sensación de que no queda nada a lo qué regresar fue lo que me reveló que el afuera siempre fue más grande y que la contemplación sería abiertamente una invención de algo que extraño encarnado, real. Ahora todavía recuerdo. Bajábamos de los Andes tarde en la noche, todos juntos, los que ahora saben qué hacer y lo hacen, esos mismos con los que ya no tengo nada de qué hablar. Bajábamos caminando. Se veía Bogotá llena de luces como siempre, pero era toda nueva. Todo era promesa, todo iba a ser tan diferente, pero luego empezó otra vida. Esta: una que dice: elegí el delirio equivocado. 

Pero tengo prohibido hablar así. 
Tengo prohibido anhelar.

comtruise.84'dreamin'

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