Estos son los momentos en los que normalmente escribía. Eso fue lo que me hizo empezar a escribir, encontrarme siempre en estas situaciones en las que necesariamente algo debe estallar, por algún medio, poético, necesario, en donde las lágrimas incomprendidas y sin espacio, jamás, podrían haber existido diferentes. Y entonces el sinónimo para todo fueron las letras, algo que me leyera, que me probara que existía, que 'escuchara', aunque no era más que la mirada de una escucha ausente en unos ojos que rodeaban cada trazo despojados de todo, sin saber nada, sin tener nada. Mis ojos, vergonzosos y avergonzados, nunca los de alguien más…
Hace poco releí lo escrito hace un tiempo ya, esos diarios tan guardados que en tanto tiempo revelan no haber sido escondidos por pudor frente a otros ojos, sino precisamente porque mis ojos eran los únicos, porque era una carga demasiado poderosa para ser revista. Palabras de ira, rabia, dolor, y miedo, sin miedo. Y luego con miedo, avergonzadas letras. Antes de la poesía fue la vergüenza pura, prosaica; el tener que verme escrita, repetirme y así saberme en ella. Mis letras pasaron por manos del desprecio y fueron insultos para sí mismas, tachones, palabras bajas para quien se nombra estando tan solo… tan pobre. No quería nunca más verme tan pobre. Pero era tan inocente… y aún así me odié.
Ahora releo con algo de distancia, con asombro por tanto odio, por verme rebotada sin piedad en letras con tanto acento. Y hoy soy triste. Otra vez tan triste, con las mismas incomprensiones y soledades que cuando se escribían a sí mismas para no serlo, con o sin amor, engañándose con sus términos de pasatiempo, tan solas. Hoy soy triste, justamente triste, y por eso, más triste que nunca. Cierro mi puerta y pongo una canción eternamente. Enciendo un cigarrillo y descubro la ventana que ocultan las cortinas: eso, amarrarlas con su propio cordón y darle ON al cerrojo de la ventana. Me siento en el marco por primera vez y aspiro el tabaco.
El afuera me ha trastornado y transformado y todavía odio esta tranquilidad de angustia contenida en la que vida no ha cambiado lo suficiente. Si mato, seguro me matarán a mí, pensando que soy yo la única culpable. Pero cuando estalla, cuando no lloro y estalla, lloro, desalentada. Y hoy, en la más profunda de las soledades, en la más cierta y menos común. Pero todavía me da miedo la culpa, el nombrarse prosaicamente y no repudiar y ser inocente. Odio a los inocentes y por eso me conmueven tanto.
Hace poco releí lo escrito hace un tiempo ya, esos diarios tan guardados que en tanto tiempo revelan no haber sido escondidos por pudor frente a otros ojos, sino precisamente porque mis ojos eran los únicos, porque era una carga demasiado poderosa para ser revista. Palabras de ira, rabia, dolor, y miedo, sin miedo. Y luego con miedo, avergonzadas letras. Antes de la poesía fue la vergüenza pura, prosaica; el tener que verme escrita, repetirme y así saberme en ella. Mis letras pasaron por manos del desprecio y fueron insultos para sí mismas, tachones, palabras bajas para quien se nombra estando tan solo… tan pobre. No quería nunca más verme tan pobre. Pero era tan inocente… y aún así me odié.
Ahora releo con algo de distancia, con asombro por tanto odio, por verme rebotada sin piedad en letras con tanto acento. Y hoy soy triste. Otra vez tan triste, con las mismas incomprensiones y soledades que cuando se escribían a sí mismas para no serlo, con o sin amor, engañándose con sus términos de pasatiempo, tan solas. Hoy soy triste, justamente triste, y por eso, más triste que nunca. Cierro mi puerta y pongo una canción eternamente. Enciendo un cigarrillo y descubro la ventana que ocultan las cortinas: eso, amarrarlas con su propio cordón y darle ON al cerrojo de la ventana. Me siento en el marco por primera vez y aspiro el tabaco.
El afuera me ha trastornado y transformado y todavía odio esta tranquilidad de angustia contenida en la que vida no ha cambiado lo suficiente. Si mato, seguro me matarán a mí, pensando que soy yo la única culpable. Pero cuando estalla, cuando no lloro y estalla, lloro, desalentada. Y hoy, en la más profunda de las soledades, en la más cierta y menos común. Pero todavía me da miedo la culpa, el nombrarse prosaicamente y no repudiar y ser inocente. Odio a los inocentes y por eso me conmueven tanto.
lam: out of tune, hooverphonic.
4 comments:
Y realmente si, la tristeza está en todas partes y es la única razón para escribir. hacer poético tu dolor es salir de ti misma, es poner a girar un poco las cosas para que el adentro y el afuera se confundan, para que tu mirada los recorra desde ángulos diferentes y perciba otras líneas de fuga, o tal vez sólo para gritar tan duro lo que no puedes gritar ahí donde estás. De cualquier manera es sano, y sin duda la ventana y el tabaco se llevan las cosas lejos. Me encanta lo que escribiste, muy muy bueno.
Te amo.
..Te comparto el cigarrillo y un abrazo, quizá. :)
Icreible... no se como se diga en español en este momento, pero la palabra en ingles es '' Breathtaking''. La extrapolación y la prueba constante de sentimientos opuestos que rebazan ciertos límites de la realidad síntetíca, Es capaz de trasladarnos a un universo paralelo sumamente brillante o sumamente dantesco, donde inmersos vemos un poco de la verdad sobre nosotros mismos... sin embargo esa verdad puede ser tan hermosa o dolorosa que cuando nos acercamos demasiado, caemos como pequelas polillas calcinadas por la luz... y entonces... de nuevo el humo se hace humo, la ventana una cortina, y los diarios algo mas que papel y solo eso.
Gracias por compartir.
y mi me gustan tus palabras , gracias por pasar y leer :).
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