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Sólo el pensamiento vivido vale. Eso dice Demian, Hermann, y ahora yo. Y yo cierro el libro y miro por la ventana con ese dolor de cabeza leve, el de la mañana, el de haber madrugado (cualquier cosa) un sábado, a clase, la primera, para ver que todo está cerrado, que no hay locutorios, ni kioskos, que la vida que está afuera está pasiva, que hoy no me ayuda, que hoy está fría, que hoy hay silencio, que quiere ayudarme, que quiere esperarme, darme tiempo, pasar.
El sábado pasó su tarde por mis ojos ya sin el afán de encontrar esa idea, esa que ya me calentó como tres o cuatro cerradas de libro el pecho, como cuando todo por fin tiene sentido aunque nada funcione, aunque se sepa que ha sido sólo a punta de movimientos que nos sorprenden, que no hablan de nuestra habilidad para la contingencia, que nos evita otra vez pensar la quietud como otra ficción porque una vez que se ha asimilado debe quedar en pausa, como en todos los silencios del mundo.
Ese calor que alguien alguna vez me decía que sentía, y yo le respondía deseando entender, le respondía que sí, que lo sentí también, como si las palabras pudieran generármelo, pero estaba en mi cabeza, el calor, no en mi pecho, no como Hermann.
También habla de lo ancestral, de las categorías, de la ingenuidad con la que sólo intuímos y nos aparecemos frente a esos seres eternos, que llevan esa mirada que sólo podría tener un animal, y lleva por dentro todo lo que alcancé a tener y deseé perder. Cuánta pretensión, cuánta solemnidad, cuánta sinceridad, cuánta cosa sublime.
Definitivamente pensar más de lo que se puede decir es lo mismo que hablar demasiado. Llevo en mi cuerpo la marca de una adolescente que sangra, pero nuestra diferencia es que ella podría esconderse más fácil que yo, ella necesita creer que es una mujer. Yo ya lo comprobé, aunque no lo soporte como discurso, a veces tan "femenino", ya lo sabía, pero en mi cuerpo sólo queda algo inefable, una pérdida inevitable de lo que intentó ser una gestación y debió evitarse.
Sólo camino mi cuerpo el sábado queriendo poder nombrar.
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