Wednesday, February 08, 2012


Una vez alguien me dijo "ojos de papel, corazón de tiza". Luego pasó. Mucho tiempo después me fui. Caminé. Argentina. Fui simple a la hora de documentar y registrar, era insignificante, la vida estaba de cerca. Yo también me quedé dormida en ese concierto. Pero Argentina, su vida, la gente, las calles, sus noticias perturbadoras, los documentales, las madres, los restaurantes peruanos, las verdulerías, algunas voces. Siempre fue muy grande. Mientras necesitaba la pura presencia de lo viviente, hoy parece que venía desde hace tiempo también necesitando una voz, una que hablara en nombre de lo que fue perder. No perder lo mío, perder como algo mío, perder como una forma específica de perder, una dificultad. Una voz que pudiera decir: sucedió. Sucedió, todo sucedió, desde la primera frase. Se puede decir, se puede nombrar. Existe como una pérdida única y particular, no inventada, no privada, propia. Y en simultáneo un sólo cuerpo parecía ser demasiado insignificante para guardar algo, para escribir algo, algo que ya parecía de tantos, con tan pocas palabras para lo que parece inventado, para lo propio, algo refundido que ya había perdido antes entre los demás y yo, y entretanto, el ruido y el necesario presente vivo (de lo desconocido): una ciudad. Pero hay palabras para los dos, no quería entorpecer la vida. No quería entorpecerme la vida. Faltaba la voz precisa que consintiera la posibilidad de esa pérdida, de esa forma, aún cuando sean sólo formas de nombrar, formas que quizás, no estén nunca realmente en consonancia cuando se trata de saber lo "único" en el otro. Quedan, existen, en un solo cuerpo, el de muchos. Sin haberlo registrado para no frenar lo vivo, queda una sensación de haber guardado algo sin proponérselo, de tener algo existente que aún no se había dicho. Sin mentir, como un pretexto, esa voz me devuelve hoy la vigencia de la vida que nunca relaté por tenerla perdida, por haberse ido, por refundirse en el ruido de la incomunicación. Hoy lo oigo cantar y tengo en la garganta los ojos de papel. Hoy tengo en la garganta todo lo que conocí cuando todo era y yo estaba lejos.

Gracias.


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