Son obsesiones porque se comprenden de afectos e infecciones
Y entonces las baldozas blancas:Yo no quería estar ahí. Quería que fuera bonito, acogedor. Pero era frío y algunas veces sucio; era exactamente eso: desolador. Me sorprendía que no se avergonzara de ese lugar. Pero era tanta su ingenuidad que se hacía vergonzosa la misma vergüenza.
Fuerte lugar tan blanco. Sólo blanco, sólo frío. Incómodo. Pero los cuerpos... la desnudez y el agua. La intimidad que abruma. El eco en estos baños, tan fríos casi todos; en su gran mayoría permeables por punzantes si lo son, dejan las obsesiones como las mías porque sucede que millones de ingenuos, si es que no hubo sólo uno, se lavan todos los días en un lugar como éste y miran de frente a la vergüenza hasta que inevitablemente la enamoran. (Si algo sucede con la vergüenza es que no quiere sentirse y se avergüenza de todas sus formas, incluso de las que la invitan a no serlo, hasta "avergonzarse" de su "completa" condición y soltarse.)
Querer y no querer. Querer y no poder. No poder. Creer. Y bueno, la honestidad llega, eventualmente, lejos de cuanta expectativa haya rondado cualquier camino. Sé lo que era. Era querer poder y no saber si no poder era una incapacidad o un verdadero disgusto. Y hablo de la incomodidad, jamás de los cuerpos... Y es que un espacio sin pretensiones es millones de veces más abrumador para los cuerpos. Así que algunas veces, en una medida, era querer querer por creer nunca poder, aunque realmente pudiera... tal vez, muchas veces las líneas se corrieron sin permiso. ¿Permiso? ¿Hablo de permiso? así que sí necesitaba permiso, así que nunca pude completamente, tal vez no. Hasta el punto de estar hoy escribiendo esto. Tal vez sólo logré lo que yo buscaba, correr un poco las líneas... que era precisamente lo que no quería. Lo que quería era que no necesitaran de mi permiso y al igual que la vergüenza que sentía por su espacio, siento la presente anti-presente vergüenza de tener que escribirlo para ordenarlo, de seguir atenta ante las sorpresas de lo que continúa hilándose como la misma historia: como el no reconocer un disgusto de una necesidad o una incapacidad en la medida en la que lo hago y deba o no callarlo para poder correr mis líneas. Otra vez. ¿correr las líneas? nuevamente...¿permisos? otra vez. [The story of my life.]
Afortunadamente la historia de mi vida no es esa. Esto es simplemente abrumador. Impresion-ante. Porque se sale de las líneas, porque para qué hablar de líneas. ("¡Por todos los cielos Martha...!") No importa la obsesión ni los afectos. Existe por un eco frío, algunas veces sucio, la coexistencia con el calor: está más que claro que las líneas son curvas.
Fuerte lugar tan blanco. Sólo blanco, sólo frío. Incómodo. Pero los cuerpos... la desnudez y el agua. La intimidad que abruma. El eco en estos baños, tan fríos casi todos; en su gran mayoría permeables por punzantes si lo son, dejan las obsesiones como las mías porque sucede que millones de ingenuos, si es que no hubo sólo uno, se lavan todos los días en un lugar como éste y miran de frente a la vergüenza hasta que inevitablemente la enamoran. (Si algo sucede con la vergüenza es que no quiere sentirse y se avergüenza de todas sus formas, incluso de las que la invitan a no serlo, hasta "avergonzarse" de su "completa" condición y soltarse.)
Querer y no querer. Querer y no poder. No poder. Creer. Y bueno, la honestidad llega, eventualmente, lejos de cuanta expectativa haya rondado cualquier camino. Sé lo que era. Era querer poder y no saber si no poder era una incapacidad o un verdadero disgusto. Y hablo de la incomodidad, jamás de los cuerpos... Y es que un espacio sin pretensiones es millones de veces más abrumador para los cuerpos. Así que algunas veces, en una medida, era querer querer por creer nunca poder, aunque realmente pudiera... tal vez, muchas veces las líneas se corrieron sin permiso. ¿Permiso? ¿Hablo de permiso? así que sí necesitaba permiso, así que nunca pude completamente, tal vez no. Hasta el punto de estar hoy escribiendo esto. Tal vez sólo logré lo que yo buscaba, correr un poco las líneas... que era precisamente lo que no quería. Lo que quería era que no necesitaran de mi permiso y al igual que la vergüenza que sentía por su espacio, siento la presente anti-presente vergüenza de tener que escribirlo para ordenarlo, de seguir atenta ante las sorpresas de lo que continúa hilándose como la misma historia: como el no reconocer un disgusto de una necesidad o una incapacidad en la medida en la que lo hago y deba o no callarlo para poder correr mis líneas. Otra vez. ¿correr las líneas? nuevamente...¿permisos? otra vez. [The story of my life.]
Afortunadamente la historia de mi vida no es esa. Esto es simplemente abrumador. Impresion-ante. Porque se sale de las líneas, porque para qué hablar de líneas. ("¡Por todos los cielos Martha...!") No importa la obsesión ni los afectos. Existe por un eco frío, algunas veces sucio, la coexistencia con el calor: está más que claro que las líneas son curvas.
Y claro, no es una historia apta para nadie... (¿y para-mí-para-nadie?)
Supongo que así es.
llena de Cocteau Twins
"la memoria no existe si no es
narrada" (Vásquez, 2001).
Re- Memorar
(Ricoeur)
1 comment:
Es una historia (memoria) apta para sí misma. Simbiótica y, por colateralidad, quinética.
rd
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