Y repito y me repito. Y cada determinado tiempo vuelvo... Y me sorprendo, a ratos. A ratos como discutiendo. Para justificar al tiempo. Para darle sentido. Pero aún así, siempre queda algún sospechoso, alguna palabra libre de crítica o desdén, alguna sorpresa genuina atravesada por ráfagas de un desfase vertiginoso, ahí donde se repite y yo comprendo. Y dudo. Entonces dudo. Sufro por el instante de duda en el que repetir esporádicamente el vértigo no es más que el festejo de una eternidad sin espacio.
*
4 comments:
En el fondo, la recursividad es conceder su tiempo merecido al juego. Y cada uno tiene su favorito. Detenerse en algún punto, ¿para qué?, certezas... ¿para qué?
Yo no imagino la necesidad de algún tipo de certeza en una hoja al viento. Salvo que caerá, en algún punto, en algún momento. Pero no es lo mismo caer sobre el océano a caer sobre la tierra humeda. Ninguna es mejor, sólo es distinta.
El vértigo es enfoque, uno más.
Besos.
En este caso tiene que ver con una la cuestión de la cercanías y la distancia en las ficciones y las letras. Cuando nos leemos.
Intento no detenerme, intento parar cuando me detengo, no escapo al vértigo, sencillamente no lo busco. Creo que el abismo no es abismo una vez se ha conocido. Buscándolo o no. Queda más adentro cada vez. Se respeta. Se encuentra la humanidad. Se reconoce el cuerpo. Confirma el cuerpo.
Pero el paso siempre logra darle al paso una pequeña esquirla, un montón de humanidad en contrasentido, un vértigo infinito y entonces sin arquitecturas, inaprehensible, ahí donde está el silencio, ahí donde está la palabra silencio cuando parece no mentir.
Y pareciera sentirse que la hoja no cae, se suspende, confirmando en algún tipo de revelación, en el vacío, su finitud. Y duele, maravilloso duele el intersticio.
y ah, corrección del sueño del insomne: el abismo sigue siendo abismo. Punto. No se conoce, no sé si pueda ser recorrido, sólo que de repente se nos presenta.
ay..
Post a Comment