Friday, October 08, 2010



*

Se siente cómo se rompe la insuficiente e incompleta metáfora del corazón. Pero nunca como antes, jamás otra vez tan noble, se termina hoy y ayer algo que quedará inconcluso, por siempre. Por primera vez se concluye de esta manera algo sin tregua por excesos de información. Aún cuando hoy habitados por afectos poderosos, el cuerpo se repliega con fuerza sobre sí en extrañamiento triste de todo aquello en lo que tanto antes confió para hacerse a un cuerpo. ¿Fue? A la larga viene toda esta avalancha de información extraña que se lleva consigo alguna cama de dudas. La pérdida de un bien se mitiga, pero he ahí la paradoja. No sólo porque no pudo haber sido de otra manera, sino porque existe la posibilidad y el deseo de otra forma alcanzable en otra.
Todo este tiempo. Todo habló más de mi necesidad, de mi capacidad. De eso de lo que es capaz un cuerpo. Cuánto tiempo. ¿Cuánta presencia es admisible?
Creí.
Mi cuerpo todo.
Se deslizan fácil, sin complicidad del recuerdo.
Ni una gota más.
La chica de Mullholand Drive llora.
No sé si sea cierto, pero probablemente lo sea. Tampoco eso quita toda la incongruencia y extrañeza del asunto. Tampoco eso me hace un día de no-sé-de-grises. Sé que no está bien. ¿Que mi fuerza y confianza no fueron a donde tenían que ir? Sé de grises más ahora que nunca. No serían las palabras más elocuentes del mundo, pero están subtituladas en algún lugar del cuerpo. Sé que no cambia nada. Y aún así, matices antes negados se entregan como dibujando con imanes en polvo. No hay comodidad posible. (?)
Qué tanta vigencia. Bueno, un ideal. La idea del otro. Esa que nunca se muere con el otro. Eso es lo que (se) persigue por siempre. Y aún así no se puede pedir no haber dado lo que se dio en ese corazón que se habitó cuando se hizo, cuando movió ese cuerpo particular y cuando perdió alguna cosa a cambio, en más de una oportunidad. No puede uno no sentirse arrepentido, ingenuo, triste. Pero no puede uno sentirse arrepentido, ingenuo, triste. Como pueda, termina de agarrar la metáfora incompleta por algún pie hasta hacerlo esquirla y entristecerlo por su tristeza torpe. Tristeza harto anterior pero algo mía. Mía que no importa quién, o cuándo, a la larga habló de mí más que de otro. ¿Ahora esto? Tristeza aburrida, ingenua por esperanzarse como conclusión en el pensamiento. No fue en el pensamiento que murió. No ha muerto así. Ha cambiado en su forma. Ha agarrado camino en aquel que abandonó hace tanto, en el único de la fuerza. Fue mi cuerpo otro cuerpo entonces, y no por ello deja de ser el mismo, no deja de ser un cuerpo que cambie su búsqueda, aunque algo se modifique. Eso veo, por ahora. Mis nutrientes hablaron más de mí que de ellos mismos. Pero no me gusta subestimar. Le dejaré hablar. Me dejaré hablar. Que no hay comodidad posible.
Llevamos latiendo de nuevo desde hace tanto tan llenos de otro cuerpo, aún así agarrados de repente en el mismo cuerpo que busca y come y desea y ama, por cierta desambiguación que como agua fría responde mal que bien a ciertas inversiones, expectativas, y presencias absurdas del dolor. Tal vez en algo ayude a mis neurosis y me de una razón perversa para seguir creyendo aquello de que por inteligente no idiota (será un axioma que en realidad debe derrotarse pronto). Explicarlo todo a través de lo obtuso del otro es bien mediocre. Ahora, aún cuando no puede decirse: "faltaba esta pieza", porque más bien da la impresión de que muchas sobran, de nuevo, esto cambia todo. ¿Quién no dice que soy yo la que no se contenta con una explicación facilista del otro? soy yo la que por hacer crucigramas no entendió la sopa de letras, ¿quién dice ahora que no sólo fue ese deseo de posibilidad el que barnizó la incompetencia, cobardía y consecuente falta de cortesía de alguno que otro transeúnte?

Lo dejaré hablar.
Se rompe.




*


No comments: