Sunday, October 31, 2010

*

Me encuentro buscando un triángulo. Me encuentro buscando conservarlos a todos ustedes para fines prácticos. Para estar con todos y con ninguno. Para luego perderlos y saber que (no) fue mi culpa. Pero justo estaba en proceso de redención. Un proceso siempre tan religioso y lleno de fe. Le contamos todo. Le dijimos todo lo que sentíamos que queríamos borrar. Y al final todo el plan fue abortado. Porque no hay redención posible, no se puede borrar, no se debe borrar, pero sobre todo, porque además de que uno en otro no te salva, él no habla, él no dice, él no es claro.
Últimamente sólo damos tumbos y turneos. Entre la libertad que creímos un fin y ahora no sabemos cómo aprovechar y la compulsividad de las microrrefutaciones afectivas olvidamos lo que Sagan nos recordó.
Y es que no es culpa. Y es que el pasado es de todos. Y es que no todos son de su pasado. Y sin embargo, quién puede afirmar qué cosa sobre quién. Tendríamos que confiar. Pero aún así la confianza parece fé y vuelve para atormentar al que no es dueño y encargarlo de su virtualidad. Y mientras tanto nadie se hace cargo, ni siquiera el que amenaza con no dejarse amenazar.
Y es que la duda cambia. Esa duda una vez plantada no sólo genera réplicas de paranoias anteriores y presentes en todo aquello que parezca o bien sea signo de alguna sospecha, sino más importante aún, apoya la aparición de la certeza de conocer los gestos nerviosos del enemigo. Todavía sometido, todavía visiblemente encriptado y avergonzado porque una y otra vez se hace visible. Y se abstiene de dar ciertos detalles importantes, digamos. La nueva duda destierra de su comodidad a todo aquello que antes, si bien podía ser su objeto, lograba salir a revelarse como otra cosa diferente a lo que el índice ahora indica (valga la redundancia). Vemos de repente que siempre supimos cuando dudamos. Y no dijimos mal. No pensamos mal. Podíamos soportar la existencia de afectos diferentes a esta cosa nueva sólo posible en el hueco que queda entre tú y yo. Cometimos el sensato error (el único posible) de suponer que así se veía también del otro lado del nosotros. Creímos el vacío más grande, más amplio, creímos que esa idea cabía en el otro. Nos creímos más amplios.
Pero somos pequeños. Somos eso que se junta pero se esconde. Y ¿no es acaso más ético hacerse cargo del deseo? ¿de los afectos? ¿no es hacerse responsables y no actuar como si se tratara de entregarle las cuentas al contador sino hablar y filosofar entre preguntas auto formuladas como amigos?
Y nuevas preguntas: ¿Y entonces? Si no fue suficiente con los miles de exorcismos de dudas bien efectuados para llamar a estrado a la segurísima de sí misma y ahora pueril palabra "confianza" por aquellos buenos días, ¿cómo se las arreglará ahora que ya no hay duda sino índice? Si no fue suficiente con el simulacro. Si hemos decidido continuar: ¿Quién podrá salvarnos? ¿Cómo pretendes que suceda? ¿Valdrá la pena?
Joyously awaking the ignorant and sleeping Passion and its brother hate, they come and go Could easily be made to stay for longer though Many people play this game so willingly Do I have to be like them, or be lonely?
Es el asco hacia la propia transparencia. Uno francamente detestable en sí mismo. Cada vez mayor. Errada o no, la transparencia cometida. Y es que el otro no puede pesar tanto como para generar errores que provienen de mi libertad, la misma que se creía fin. Pero lamentablemente eso sólo parece contar la primera vez. Todos nos equivocamos, ahora estamos pendientes de si la segunda vez va a ir a mi cuenta por la tuya. Qué falta de confianza. La mía, la tuya, la de él, la de nosotros, y de vosotros y de ellos. Y ahí sí, ¿será un fin la libertad cuando nos sometamos enteramente al dolor? Por completo: fin y final. ¿O será también acaso cuando tratemos de prevenirlo y amenazarle la entrada cada vez? Ya conocemos la compulsión. El deseo, el afecto, el dolor y la necesidad de aprender a evitarlo. El odio ahora sumado a la necesidad de llenarnos de motivos para seguir y encontrar que además, ahora se empoderan de nosotros más que nunca. Ya lo conocemos. Ya lo sabíamos, todo. La pregunta ahora es, ¿lo saben ellos?
Nicolás Gómez Dávila: Las perfecciones de quien amamos no son ficciones del amor. Amar es, al contrario, el privilegio de advertir una perfección invisible a otros ojos.
Love is no big truth, dice Erlend.

*

No comments: