Saturday, January 07, 2012





El profesor dijo una vez: "Algunos son cebollas, otros cometas".
Yo sé que casi siempre he sido una cebolla.



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Wednesday, August 10, 2011

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Clarice,
que no es Clarice
sino un soplo,
y yo,
que soy contractura
que no es del soplo
sino la quietud


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This recalls a mixture of :
The hope in sunny days after a series of almost endless rainy days, which still contained their own. The beauty of the blending. Our consequent roadtrips to the country. The ache of the distance. My own joy when every picture had to be revealed by the camera, hoping to overcome the distance. The novelty. The idea of everything, which was always, only my own.

Tuesday, May 31, 2011

La imperiosa necesidad de devolverme de San Telmo cuando oigo The Fire. Sola, en la tarde, como volviendo a hacer algo, como teniendo que volver, con seguridad sabiendo que esa es la dirección. No quiero ir a San Telmo, no hay más lejos que San Telmo y quiero devolverme de San Telmo y cruzar la avenida en cuatro tiempos y esperar que venga el colectivo frente a la facultad de arquitectura o ingeniería y sentir el viento que movía el vestido verde pomposo de la chica que tenía mi saco de cielo negro esa noche del concierto de Air. Podría ser de día.

Atravesar toda la costanera viendo el río, el día que salí de tu casa en el centro hacia la mía, que aún no era mía, viajar en auto y ver Buenos Aires desde arriba, como lo ven sus habitantes. Ver el club de pesca que sólo a mí me sorprendió. Hacer un picnic en la mitad de los bosques de Palermo en un día gris de invierno perseguidos por los patos, arrinconados en los ladrillos de la costanera y repasar siempre los rastros durante los viajes en colectivo hacia Libertador. Al club yo lo veo en la mitad del río flotante. Pensé en el restaurante palafito al sur de Chile. Atravesar la costanera porque el sur es hermoso y los puentes para tomar distancia y tenerlo todo más cerca (del sol).

Erizarse con el viento del puerto acostados en el pasto durante en el verano, viendo las flores cerca de las construcciones de los edificios de los porteños mientras se derrite el helado de agua roja y verde. Querer quitarte todo. Devolvernos caminando contra el viento, chorreados de Freddo en los labios y el cuello y en los vestidos delgados a punto de irse. Todas las mujeres hermosas.

Quiero que Juan Pablo vuelva a perderse, quiero que estemos solos buscándolo, asustados como si fuera un misterio y tengamos un pretexto para caminar por encima de los muros del parque atravesando con la mirada las espigas grises, viendo cómo enfrían la luz y nos pierden la distancia en el cielo aún rosa del verano.

Salir de tu casa, o de la mía, caminando en la noche hacia el cine, sin obligaciones, sin planes. Caminar por el centro. Bajar, porque siempre parecía bajando y nunca sé, por Suipacha y hablar de la gente extraña que se encuentra por ahí. Pasear por Corrientes cerca al motel del italiano exuberante. Tener calor. Siempre tener calor. Viajar en subte leyendo Demian y perder las estaciones, perder la clase, perder la hora, bajar como si nada, cruzar la calle, admitir el engaño, volver atrás, sentarse frente a la Facultad de Medicina media hora, una hora, recibir en la espalda el sol de finales de invierno, pensar demasiado. Nadie se fija. Entrar en la estación, perder el rumbo, tomar uno a Juramento, seguir creyendo en el fracaso, seguir perdiendo horas, dejándolas ir. (El sol sabe más del tiempo).

La cumbia y la luz hexagonal en la ropa. Devolverme de San Telmo como quien cumplió su propósito, como si no hubiera nada más a dónde ir, no volver al Proa, nunca más después del concierto fallido. Un fracaso. Volver como si hubiéramos hecho algo más que tomar el sol, como si pudiera volver a casa, o ir a algún lado, pero que ése sea, que ése sea.






Tuesday, May 10, 2011





"¿A quién me cogí? ¿COGÍ? No, no cogí.
Sí cogí, cogí, cogí, cogí. Igual me cuidé, me cuidé igual, me cuidé, me cuidé, me cuidé."





Monday, May 02, 2011


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Yo leía Zambra y él hablaba por mí y yo dolía y sólo lo dije una vez y se lo dije a ella y nunca pude decirlo y nunca lo escribí y así ella decidió tomarlo y pensar que hablaba por ella y decidió dolerse como si el duelo fuera suyo y contar mi historia como si fuera de ella pero como ella no sabía que no podía decirlo porque ella no lo había visto, lo dijo y así olvidó que el duelo era mío y que no tenía que olvidarse de mí.


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Friday, April 29, 2011






*No laughter in the dark.





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Thursday, April 21, 2011


Ya no

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.

Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.

No volveré a tocarte.

No te veré morir.



Idea Vilariño

*
I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.

III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.

VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé.
Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.

XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola.
Hay alguien aquí que tiembla.

XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.

XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.

XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy.
Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.

XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba
no vi otra cosa que a mí misma.

XVII
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.

XVIII
Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo,
he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.


Alejandra Pizarnik

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Wednesday, April 20, 2011


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Pensé que voy a estar como una bola de manteca para cuando llegue. Siempre me acuerdo de la bola de manteca porque tenía una película de los chipmunks cuando era chiquita en la que Teodoro no podía parar de comer cous cous y cuando estaban cerca a morir colgados de un puente le decían que por comer tanto cous cous parecía una bola de manteca y se iban a morir por su culpa. La bola de manteca nunca comió cous cous en la película y realmente siempre los perseguían cuando se iba a comer su plato de cous cous en un lugar que parecía una ciudad en Portugal pero era Paris. Sufría mucho y siempre me pareció muy refinado tanto su antojo como el insulto. Refinado para mi edad porque no sabía qué era el cous cous y me parecían unas bonitas palabras. Mi primera idea de refinamiento. Mi segunda idea de refinamiento fue el insulto, me pareció maravilloso cómo utilizar bola de manteca de una forma tan diferente a como la habría imaginado u organizado. Eran palabras nuevas y además eran bonitas. Diré por siempre bola de manteca, pensé. Y tal vez todo esto fue causante de mi gusto por las palabras nuevas y seguramente de la posibilidad de insultar con ellas. Terrible esto último. Hermoso devenir aquello. Le pregunté a mi mamá más tarde, mucho más tarde, qué era el cous cous, porque lo había guardado para mí y quería que siguiera siendo como el mantecado, como la comida que comen los personajes ficticios, que nunca parece de verdad ni suena de verdad. Como una traducción. La comida traducida es como una voz traducida, extraña y absolutamente ficticia, con algún vínculo extraño con la realidad que no termina de convencernos ni de sus razones para ser tan extraña. Las voces, las expresiones, pero sobre todo, la naturalidad en la falta de naturalidad que se atraviesa. ¿Se suponía que el mantecado era helado? Todo era nuevo y no tenía esperanzas de que fuera natural alguna vez, aún. Quería actuarlas. No conocía la naturalidad mejor que la conozco ahora, pero reconocía la novedad extraña y diferente de la mía y la deseaba, porque debía haber más de donde venía todo ese teatro que hiciera que todo se expandiera y pudiera ser más que un nombre convencional para lo que decía. Así fue como me guardé el mantecado y el cous cous en mi stock personal de palabras y cosas bonitas, frases pequeñas resonantes y maravillosas que nunca dejaron de serlo. Mucho más tarde supe que sí había probado el cous cous, en Paris, mucho antes y que no podría recordarlo. Que me había gustado como a Teodoro.

{Yo quiero hablar de mantecados y por mantecados todos los días de mi vida. Qué raro que se siente últimamente la insistencia visual de lo común, esto de que tal vez todos seamos iguales y que nos gusten las mismas cosas y que nos sorprendamos por lo mismo, y que nuestros Tumblrs estén llenos de las mismas imágenes. Qué terrible es la naturalización de lo performativo y de lo común. Será una neurosis pero qué terrible es la naturalización de nuestros placeres y de lo que aprendimos y entonces, también de nuestra singularidad. Todo quisiera ser de todos y lo desagradable es que parece ser, en su presentación del todos, una afección genérica y atravesada de la misma manera. ¿Residirá en algún lugar de la imagen la diferencia?}

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Monday, April 18, 2011


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Animal De Invierno

Otra vez es tiempo de ir a la montaña
a buscar una cueva para hibernar.

Voy sin mentirme: la montaña no es madre, sus cuevas
son como huevos vacíos donde recojo mi carne
y olvido.
Nuevamente veré en las faldas del macizo
vetas minerales como nervios petrificados, tal vez
en tiempos remotos fueron recorridos
por escalofríos de criatura viva.
Hoy, después de millones de años, la montaña
está fuera del tiempo, y no sabe
cómo es nuestra vida
ni cómo acaba.

Allí está, hermosa e inocente entre la neblina, y yo entro
en su perfecta indiferencia
y me ovillo entregado a la idea de ser de otra sustancia.

He venido por enésima vez a fingir mi resurrección.
En este mundo pétreo
nadie se alegrará con mi despertar. Estaré yo solo
y me tocaré
y si mi cuerpo sigue siendo la parte blanda de la montaña
sabré
que aún no soy la montaña.

José Watanabe


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Saturday, March 26, 2011





Que nada nunca hizo llover igual. La pantalla lluviosa del inbox, graficada perfecta. Llueve en el correo. Me hace creer que estoy de vuelta en mi casa, cuando llovía, cuando se desgarraba el cerro pero estábamos juntos, adentro. Juntos. Pienso en mi confusión, cuando lloro tanto, que confundo el llanto con el inicio de un estornudo. Como hoy. Todo. Mi papá. Mi mamá. Su cuerpo. Sus cuerpos. Uno ausente. Mutilados los dos. El mío. El ausente. Mi. Luego yo. And Just Like That, and just like that, never ever did anything do. Serán todas las imágenes juntas de todos los hombres en mí, de todos los hombres, de las mujeres y todos, de la vecina que se teñía el pelo de rosa, con su french pooddle y su chaqueta morada de satín de los Yankees o los Lakers, recogiendo basura por todo Belgrano, porque sí. La forma de decirme "hola muchachita" del enorme enorme verdulero, que bien podía ser un carnicero, pero que con amabilidad agarró siempre una buena patata, grande, amable para la muchachita, haciendo cálculos con una máquina vieja, parado siempre, entre su camisa de cuadros roja y verde siempre, entre el chaleco de lana color pino, nunca sin. El día que lo vi comer en el parque cerca de la casa, solo, enorme, en una banca, de su plato de icopor. Al frente sentada yo, a lo lejos, entre las palomas y un humilde calor en la luz a finales de invierno. En granito. Muchachita. El sol, el sol, el sol que no nos calentó por mucho tiempo. El sol rosa. Quise despedirme de todos. Quise despedirme de mi papá, quise despedirme. Quise despedirme de tantas cosas y de tantos hombres. Aún en parte creo en la ineficacia de decir adiós. El sol rosa es la despedida y la presencia de todos. El verdulero, el del subte, equivocado, su primer día. El parapléjico que no quise mirar en la estación A. La mamá, que lo llevaba y se veía tan cansada. Hermann Hesse y Demian. Mi papá. Mi mamá y su feminidad. Ella cuando confunde las caras que sudan con las que lloran en el celular y me las envía sin saber. Ella. Y mi montaña con la que ya no sueño. Heidi. Tú. Y tú. Nunca nada ha llovido así. El correo, sin novedades, sigue lloviendo. Lo que voy a publicar en la ciudad del verdulero. Lo que se nos escapa.

Habrá algo, decía ella, que hace que así sea, que nada más sea, que llueva, y en su voz insiste que es algo específico. Que las dudas y los estornudos que dudan también hablan solos.

Tuesday, January 11, 2011


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If only I could listen to exactly what you hear when you press your head against those striped green colored pillow cases. It would be as if we were both underwater, together. Sleeping, swimming together. We could open our eyes without distrust, no tears. We could feel our rainy slippery skin slither on our skin with grace, wet swimsuits sticking to our bodies in a widely variety of shapes, you could even feel water fighting to fill the space between the fabric and our bodies against no one's will, shaping what's not shapeable, playing together, all at the same rhythm, all three, four, five of us, a hundred thousand, deep into the seabed, beating with pleasure our heartbeat's delight, the gradients of sound, all of us submerged, better sunken, tonight, in our skin, tomorrow night, together, all at the same pace.

Yours in the meantime, the heartbeat, at day or at night.

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