Tuesday, May 29, 2012

Droplets

*Hoy hubo viento, emoción y vacío. No el vacío del viento que se cuela hasta ahogar y da risa. Tirité de frío. Y así pude ver otra cara, a otro. A alguien más que se enredó tanto como otros al hablar. Quedándose callado y admitiendo que no "sabe" hablar, que no le gusta hablar. En negación de lo que él mismo dijo era "vomitar". Tuve frío y sólo quería un café, o una cerveza, o una malteada. Tuve frío y me dio sueño. Me dio sueño como cuando me muero de tanta realidad. Y volví. 


 *Es la trampa de siempre. Que no me hace falta todo entero porque siguen chunks ahí, adentro, como siempre. ¿Qué haría Macgyver si estuviera en mi posición? Siempre me pareció ridículo asumir que una respuesta de ese nivel pudiera partir de alguien más que de Macgyver. Pero hoy entiendo que finalmente a veces la presencia de otro es muy definida, es posible de imaginar, es posible cuando nos relacionamos porque establecemos quiénes somos con Macgyver. Y tú no eres ningún él, pero tu presencia sigue para no hacerme tanta falta. 


 *Y me desperté hacia la 1:00 pm con la voz de alguien que lloraba. Ella lloraba porque alguien cercano a su familia murió. Pensé que debía ser su sobrino que se fue al ejército en febrero por convicción. Era otra persona. Pensaba yo que lloraba muchísimo para ser alguien que no era realmente de su familia. Luego pensé que yo era también, para ella, igual. Que casi todos acá la haríamos llorar. Y me pregunté si todos acá llorarían si algo le pasara a ella. Pero más importante, me pregunté si así podía abrazarla. Me pregunté  si se sentía sola. Y aún más importante: me pregunté si ella sentía que lo merecía, o si aceptaba tranquilamente que nadie fuera lo suficientemente valiente. 

Monday, May 28, 2012

No sé cómo hacer para leer La historia del amor. No sé cómo no leerlo demasiado tarde. No sé cómo leerlo y no caer en cuenta de que tienes la razón. De que me va a cambiar la vida y voy a pensar en ti. No sé cómo hacer para ver Balnearios. No sé cómo hacer para seguir viendo películas. No sé cómo hacer para no pensar en los gatos que vivían entre tu casa y la mía, los que nacieron mientras caminábamos de ida y de vuelta. No sé cómo no pensar en el sushi entre tu casa y la mía. Ni en la carrilera entre tu casa y la mía. No sé cómo no irnos a Vietnam. O a Japón. O cómo hacer ahora la ruta de Kerouac y pensar en Burroughs y  un día ir a California porque sí. No sé cómo seguir leyendo a Sam Shepard. O ver Shortcuts. No sé cómo lidiar con esto, cada vez que suena un golpe, cada vez que alguien se cae en la escalera, o cada vez que a alguien le da un ataque de epilepsia y que tengo que subirle los pies mientras escupe sangre. No sé cómo volver a escribir ni para qué. Ya no sé cómo compartir la escritura, sin que sea un texto que editar y que no sea entonces tampoco un monólogo en silencio de lo que nadie va a comprender. No sé cómo dejar de temblar después del ataque de epilepsia de Daniel (su nombre lo dijo alguien más porque él no podía hablar). No sé cómo no odiar mi pasado. No sé cómo no temer estar sin ti. No sé cómo llorar ni estar feliz. No sé cómo pensar en albinos, en la comida que preparamos, en los shows que vemos, en darte besos en el ojo, en no llamarte cuando sigo temblando y tengo las marcas de las patadas de Daniel y el piso sigue lleno de sangre. No sé cómo seguir acá en este cuarto sin estar contigo. No sé cómo  estar sin ti. No sé cómo llevar este odio y este amor por esta libertad al mismo tiempo. No sé cómo hablarte de otra forma. No sé cómo despedirme. Ni si lo estoy haciendo. No sé cómo hablarle a las migajas de tantos otros que ya no me importan y son lo que queda. Que no son nadie. Que no son tú, que no son importantes, ni son hermosos por dentro. No sé cómo salir y no odiarlos a todos. No sé cómo no quererte sólo a ti. Y no sé cómo quererte más. No sé cómo hacerte saber cuánto estás en mí sin hacerte daño. No sé cómo hacerte saber que vas a estar siempre.  Y al mismo tiempo explicarme.  No sé cómo llevarte conmigo. No puedo arrancarte así de fácil.

Wednesday, February 29, 2012

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No te digo adiós aún, lugar, porque sigues conteniendo mi voz, la voz que me falta. Necesitamos, juntos, seguir (con vida) y cambiar.

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Sunday, February 26, 2012



“Hace años, en la época de los grandes trasatlánticos, de los grandes hipódromos, de los grandes casinos, los hombres inventaron los balnearios. Fue una idea alucinada y festiva. Una idea inocente. Creían que el paraíso era algo posible, inmediato y fácil. Tomaban una franja de la costa marina y la llenaban de palacios, ramblas y palmeras, para después desvestirse y pasar horas y horas en el agua y en el sol. Los balnearios surgieron como un juego, los inventó un siglo que todavía jugaba, que todavía era un niño. Es por eso que pensar en los balnearios es siempre pensar en la infancia. En la infancia del siglo, en la infancia del país y también en la propia, en la felicidad simple y diáfana, en tiempos que evocamos como exaltados y brillantes. Son el lugar de las cosas pasadas, de las cosas buenas. Son probablemente algo triste. Y lo más extraño es que en los balnearios todo es alegre. Los balnearios nacen de algo antiguo y profundo, casi animado, nacen del placer del agua. Por nadar, zambullirse o flotar. Por explorarla y celebrarla. Por hacerla de ella una fiesta. Es como el fuego, la velocidad o como la música. Algo primario, algo primitivo. Y en la esencia de los balnearios resiste aún esa cosa animal, son lugares hechos para estar cerca del agua.” 

Mariano Llinás, Balnearios

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Friday, February 10, 2012

En la época de Pablo Escobar, 
me acuerdo que mi mejor amiga de kinder 
y transición 
tenía mucho miedo 
de que Pablo Escobar la matara un día
asustada y caminando rápido decía 
que le daba miedo que se metiera a su casa 
y matara a su familia 
Yo me acuerdo de las palabras 
sonando diferente 
de corrido: 
"pabloescobar" 
No significaba nada, 
no sabíamos nada, 
aliterábamos pero entendíamos 
sentíamos al invocarlo 
que su sonido daba miedo 
(como muchas otras palabras en la niñez)

Wednesday, February 08, 2012


Una vez alguien me dijo "ojos de papel, corazón de tiza". Luego pasó. Mucho tiempo después me fui. Caminé. Argentina. Fui simple a la hora de documentar y registrar, era insignificante, la vida estaba de cerca. Yo también me quedé dormida en ese concierto. Pero Argentina, su vida, la gente, las calles, sus noticias perturbadoras, los documentales, las madres, los restaurantes peruanos, las verdulerías, algunas voces. Siempre fue muy grande. Mientras necesitaba la pura presencia de lo viviente, hoy parece que venía desde hace tiempo también necesitando una voz, una que hablara en nombre de lo que fue perder. No perder lo mío, perder como algo mío, perder como una forma específica de perder, una dificultad. Una voz que pudiera decir: sucedió. Sucedió, todo sucedió, desde la primera frase. Se puede decir, se puede nombrar. Existe como una pérdida única y particular, no inventada, no privada, propia. Y en simultáneo un sólo cuerpo parecía ser demasiado insignificante para guardar algo, para escribir algo, algo que ya parecía de tantos, con tan pocas palabras para lo que parece inventado, para lo propio, algo refundido que ya había perdido antes entre los demás y yo, y entretanto, el ruido y el necesario presente vivo (de lo desconocido): una ciudad. Pero hay palabras para los dos, no quería entorpecer la vida. No quería entorpecerme la vida. Faltaba la voz precisa que consintiera la posibilidad de esa pérdida, de esa forma, aún cuando sean sólo formas de nombrar, formas que quizás, no estén nunca realmente en consonancia cuando se trata de saber lo "único" en el otro. Quedan, existen, en un solo cuerpo, el de muchos. Sin haberlo registrado para no frenar lo vivo, queda una sensación de haber guardado algo sin proponérselo, de tener algo existente que aún no se había dicho. Sin mentir, como un pretexto, esa voz me devuelve hoy la vigencia de la vida que nunca relaté por tenerla perdida, por haberse ido, por refundirse en el ruido de la incomunicación. Hoy lo oigo cantar y tengo en la garganta los ojos de papel. Hoy tengo en la garganta todo lo que conocí cuando todo era y yo estaba lejos.

Gracias.


Tuesday, January 17, 2012

After Dark


"'You'll never get away', Takahashi says aloud while looking at the crescent moon."

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"The new day is almost here, but the old onw is still dragging its heavy skirts. Just as the ocean water and the river water struggle against each other at a river mouth, the old time and the new time clash and blend. Takahashi is unable to tell fot sure which side —which world— contains his center of gravity."


*

"The brightness outside the window is increasing with great speed. Vivid streaks of light stream into the room through gaps in the shade. The old temporality is losing its effectiveness and moving into the background. Many people go un mumbling old words, but in the light of the newly revealed sun, the meanings of words are shifting rapidly and are being revealed. Even suposing that most of the new meanings are temporary things that will persist only through sundown that day, we will be spendng time and moving forward with them."


—Haruki Murakami


Saturday, January 07, 2012





El profesor dijo una vez: "Algunos son cebollas, otros cometas".
Yo sé que casi siempre he sido una cebolla.



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Wednesday, August 10, 2011

*

Clarice,
que no es Clarice
sino un soplo,
y yo,
que soy contractura
que no es del soplo
sino la quietud


*


This recalls a mixture of :
The hope in sunny days after a series of almost endless rainy days, which still contained their own. The beauty of the blending. Our consequent roadtrips to the country. The ache of the distance. My own joy when every picture had to be revealed by the camera, hoping to overcome the distance. The novelty. The idea of everything, which was always, only my own.

Tuesday, May 31, 2011

La imperiosa necesidad de devolverme de San Telmo cuando oigo The Fire. Sola, en la tarde, como volviendo a hacer algo, como teniendo que volver, con seguridad sabiendo que esa es la dirección. No quiero ir a San Telmo, no hay más lejos que San Telmo y quiero devolverme de San Telmo y cruzar la avenida en cuatro tiempos y esperar que venga el colectivo frente a la facultad de arquitectura o ingeniería y sentir el viento que movía el vestido verde pomposo de la chica que tenía mi saco de cielo negro esa noche del concierto de Air. Podría ser de día.

Atravesar toda la costanera viendo el río, el día que salí de tu casa en el centro hacia la mía, que aún no era mía, viajar en auto y ver Buenos Aires desde arriba, como lo ven sus habitantes. Ver el club de pesca que sólo a mí me sorprendió. Hacer un picnic en la mitad de los bosques de Palermo en un día gris de invierno perseguidos por los patos, arrinconados en los ladrillos de la costanera y repasar siempre los rastros durante los viajes en colectivo hacia Libertador. Al club yo lo veo en la mitad del río flotante. Pensé en el restaurante palafito al sur de Chile. Atravesar la costanera porque el sur es hermoso y los puentes para tomar distancia y tenerlo todo más cerca (del sol).

Erizarse con el viento del puerto acostados en el pasto durante en el verano, viendo las flores cerca de las construcciones de los edificios de los porteños mientras se derrite el helado de agua roja y verde. Querer quitarte todo. Devolvernos caminando contra el viento, chorreados de Freddo en los labios y el cuello y en los vestidos delgados a punto de irse. Todas las mujeres hermosas.

Quiero que Juan Pablo vuelva a perderse, quiero que estemos solos buscándolo, asustados como si fuera un misterio y tengamos un pretexto para caminar por encima de los muros del parque atravesando con la mirada las espigas grises, viendo cómo enfrían la luz y nos pierden la distancia en el cielo aún rosa del verano.

Salir de tu casa, o de la mía, caminando en la noche hacia el cine, sin obligaciones, sin planes. Caminar por el centro. Bajar, porque siempre parecía bajando y nunca sé, por Suipacha y hablar de la gente extraña que se encuentra por ahí. Pasear por Corrientes cerca al motel del italiano exuberante. Tener calor. Siempre tener calor. Viajar en subte leyendo Demian y perder las estaciones, perder la clase, perder la hora, bajar como si nada, cruzar la calle, admitir el engaño, volver atrás, sentarse frente a la Facultad de Medicina media hora, una hora, recibir en la espalda el sol de finales de invierno, pensar demasiado. Nadie se fija. Entrar en la estación, perder el rumbo, tomar uno a Juramento, seguir creyendo en el fracaso, seguir perdiendo horas, dejándolas ir. (El sol sabe más del tiempo).

La cumbia y la luz hexagonal en la ropa. Devolverme de San Telmo como quien cumplió su propósito, como si no hubiera nada más a dónde ir, no volver al Proa, nunca más después del concierto fallido. Un fracaso. Volver como si hubiéramos hecho algo más que tomar el sol, como si pudiera volver a casa, o ir a algún lado, pero que ése sea, que ése sea.






Tuesday, May 10, 2011





"¿A quién me cogí? ¿COGÍ? No, no cogí.
Sí cogí, cogí, cogí, cogí. Igual me cuidé, me cuidé igual, me cuidé, me cuidé, me cuidé."





Monday, May 02, 2011


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Yo leía Zambra y él hablaba por mí y yo dolía y sólo lo dije una vez y se lo dije a ella y nunca pude decirlo y nunca lo escribí y así ella decidió tomarlo y pensar que hablaba por ella y decidió dolerse como si el duelo fuera suyo y contar mi historia como si fuera de ella pero como ella no sabía que no podía decirlo porque ella no lo había visto, lo dijo y así olvidó que el duelo era mío y que no tenía que olvidarse de mí.


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