Sueño, Aurelia*, hombres, pasos y manos Algún amor con el mundo
No sé quien eres. Y tampoco sabes quién soy, pero me sonríes.
Es cierto. Es cierto que me pasan cosas extrañas. Es cierto que ciertas personas, muchas, se acercan de formas inesperadas a contarme historias cuando las mías sólo empeoran pero parece entonces que, a la vez, mientras que el mundo me molesta, me relata en otras páginas cuánto le gusto. A mi no me disgusta el mundo. No siempre, bueno, casi siempre me disgusta. A veces. Tal vez me disgusta en los mismos lugares en los que me veo atacada pero nos llevamos bien en esos lugares bonitos en donde las sonrisas y el contacto hacen al mundo. Aunque algunas veces sí tenemos problemas en lugares que hemos tenido en común antes, por desencuentros o conflictos o rechazos mutuos que chocan, en otras ocasiones el mundo simplemente se hace inhabitable y no precisamente desde (mi) adentro. Tal vez sea sólo un problema de susceptibilidades, de malos días, o de ritmos, como diría un hombrecillo bien particular, la mayoría de veces mejor descrito como un sujeto bastante más conflictuado de lo que se hace ver en su aparente complejidad. También podrán ser cosas de días, ¿por qué no? Pero más que extraño y ahí sí, más que complejo, es que esta situación de historias paralelas hable de repente tan contraria y elocuentemente de mis mundos. A mi alrededor la desgracia que me hace abandonarme al sueño sólo causa simpatía para los ojos ajenos a esa línea surreal haciéndome, repentinamente salir del estado de ensoñación para devolver una sonrisa inesperada. Además, es también extraño y pocas veces visto que el estado de ensoñación que me ha acercado/alejado a/de las situaciones incomprensibles del mundo, esta vez no me hagan comprenderlas en impulsos y narraciones melancólicas, para ser sólo lecturas literalmente sonrientes del mundo. Irrumpiendo en mi estado de ensoñación parecido a la locura aureliana, [sí, lo digo consciente y lográndolo banal sólo por usar palabras porque es más parecido a las locuras de lo que lograría explicar de mi experiencia, esperando algún día lograr acercarme mejor] cuento en esta ocasión con una serie de situaciones rescatables dentro de la última semana, que me demuestran, de alguna manera, que le gusto al mundo en algo que ignoro y los demás entienden. Más bien parece que mi sueño ha dejado de ser agresivo, parece incluso que ha dejado de serlo conmigo para hacerme encontrar con el dolor que me producen tantas cosas hacia un sólo un tipo de inconformismo, en donde, de la nada, me habla un extraño, ignorante de la incompatibilidad de los mundos y sus sucesos pero no ignorante de mí como algo "completo". ¿Cómo puede ser eso? Saben de qué me hablan cuando me miran, no saben nada pero saben y al tiempo todo lo que más cercano, más que cada vez está tan lejos. Oh sí... de esa forma tan amorfa. Hablan, contactan, tocan como si supieran de lo que hablamos todos acá adentro, todas estas personas que me hablan a MÍ y con lo que saben. Causo una simpatía simpática que es simpática porque simpatiza con su propia simpatía y se sabe entonces tan simpática, que simpáticamente. Será que lo extraño ya se hizo lo suficientemente extraño como para causar simpatía y gracia al mundo. Y ésto sí que es gracia.
O mejor aún, mirando el fondo empapado, haciendo alusión no a un más allá, sino a un más acá tan serpenteante como esas olas que cambian de posición a esos pequeños granos de arena, podrá ser que a medida que se ven más-caras, aparecen más nodos en este universo conscientes de que ya sé algo nuevo, como extensiones de mí, personificadas en instantes, hombres y mujeres... A veces pienso que sólo son coincidencias. A veces simplemente creo que me gusta seguir el juego de lo embriagante y cultivar algo de la locura ya existente, irrepresentable como Aurelia, sólo como un déjà vu que en algún lugar, permite un acercamiento más hermoso al arte.
A veces, sé mejor y confirmo que no son coincidencias, y que efectivamente, el arte es más hermoso, o es. Confirmo que no sólo me dejo llevar por el juego del fuego para entrar como el fuego mismo sino sólo para reconocer que esto mismo sin juego comprende los mismos tonos que los colores del ciego.
O del cielo.
O mejor aún, mirando el fondo empapado, haciendo alusión no a un más allá, sino a un más acá tan serpenteante como esas olas que cambian de posición a esos pequeños granos de arena, podrá ser que a medida que se ven más-caras, aparecen más nodos en este universo conscientes de que ya sé algo nuevo, como extensiones de mí, personificadas en instantes, hombres y mujeres... A veces pienso que sólo son coincidencias. A veces simplemente creo que me gusta seguir el juego de lo embriagante y cultivar algo de la locura ya existente, irrepresentable como Aurelia, sólo como un déjà vu que en algún lugar, permite un acercamiento más hermoso al arte.
A veces, sé mejor y confirmo que no son coincidencias, y que efectivamente, el arte es más hermoso, o es. Confirmo que no sólo me dejo llevar por el juego del fuego para entrar como el fuego mismo sino sólo para reconocer que esto mismo sin juego comprende los mismos tonos que los colores del ciego.
O del cielo.
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*Aurelia o el sueño y la vida de Gérard de Nerval
*Aurelia o el sueño y la vida de Gérard de Nerval
1 comment:
la simpatía es la condición de hacerte legible a otros para quienes su propia situación se ha hecho legible antes. el arte es la condición de hacerte legible a ti misma por medio de un gesto que te enfrenta a tu propia legibilidad, proyectada especulativamente (de especular, espejo) en una situación que te revela tu malestar con el mundo como una atracción inevitable hacia el mismo, cubriéndolo todo de embriaguez. escribir, y acercarte, es hacerte legible a mí en tu propia condición, mientras produces un espacio en el que yo mismo me reflejo y me hago legible a mi mismo, y así nos confundimos en un espejo que no refleja sino que proyecta. todo es escritura, lectura y embriaguez.
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