Thursday, April 21, 2011

I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.

III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.

VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé.
Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.

XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola.
Hay alguien aquí que tiembla.

XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.

XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.

XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy.
Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.

XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba
no vi otra cosa que a mí misma.

XVII
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.

XVIII
Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo,
he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.


Alejandra Pizarnik

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Wednesday, April 20, 2011


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Pensé que voy a estar como una bola de manteca para cuando llegue. Siempre me acuerdo de la bola de manteca porque tenía una película de los chipmunks cuando era chiquita en la que Teodoro no podía parar de comer cous cous y cuando estaban cerca a morir colgados de un puente le decían que por comer tanto cous cous parecía una bola de manteca y se iban a morir por su culpa. La bola de manteca nunca comió cous cous en la película y realmente siempre los perseguían cuando se iba a comer su plato de cous cous en un lugar que parecía una ciudad en Portugal pero era Paris. Sufría mucho y siempre me pareció muy refinado tanto su antojo como el insulto. Refinado para mi edad porque no sabía qué era el cous cous y me parecían unas bonitas palabras. Mi primera idea de refinamiento. Mi segunda idea de refinamiento fue el insulto, me pareció maravilloso cómo utilizar bola de manteca de una forma tan diferente a como la habría imaginado u organizado. Eran palabras nuevas y además eran bonitas. Diré por siempre bola de manteca, pensé. Y tal vez todo esto fue causante de mi gusto por las palabras nuevas y seguramente de la posibilidad de insultar con ellas. Terrible esto último. Hermoso devenir aquello. Le pregunté a mi mamá más tarde, mucho más tarde, qué era el cous cous, porque lo había guardado para mí y quería que siguiera siendo como el mantecado, como la comida que comen los personajes ficticios, que nunca parece de verdad ni suena de verdad. Como una traducción. La comida traducida es como una voz traducida, extraña y absolutamente ficticia, con algún vínculo extraño con la realidad que no termina de convencernos ni de sus razones para ser tan extraña. Las voces, las expresiones, pero sobre todo, la naturalidad en la falta de naturalidad que se atraviesa. ¿Se suponía que el mantecado era helado? Todo era nuevo y no tenía esperanzas de que fuera natural alguna vez, aún. Quería actuarlas. No conocía la naturalidad mejor que la conozco ahora, pero reconocía la novedad extraña y diferente de la mía y la deseaba, porque debía haber más de donde venía todo ese teatro que hiciera que todo se expandiera y pudiera ser más que un nombre convencional para lo que decía. Así fue como me guardé el mantecado y el cous cous en mi stock personal de palabras y cosas bonitas, frases pequeñas resonantes y maravillosas que nunca dejaron de serlo. Mucho más tarde supe que sí había probado el cous cous, en Paris, mucho antes y que no podría recordarlo. Que me había gustado como a Teodoro.

{Yo quiero hablar de mantecados y por mantecados todos los días de mi vida. Qué raro que se siente últimamente la insistencia visual de lo común, esto de que tal vez todos seamos iguales y que nos gusten las mismas cosas y que nos sorprendamos por lo mismo, y que nuestros Tumblrs estén llenos de las mismas imágenes. Qué terrible es la naturalización de lo performativo y de lo común. Será una neurosis pero qué terrible es la naturalización de nuestros placeres y de lo que aprendimos y entonces, también de nuestra singularidad. Todo quisiera ser de todos y lo desagradable es que parece ser, en su presentación del todos, una afección genérica y atravesada de la misma manera. ¿Residirá en algún lugar de la imagen la diferencia?}

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Monday, April 18, 2011


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Animal De Invierno

Otra vez es tiempo de ir a la montaña
a buscar una cueva para hibernar.

Voy sin mentirme: la montaña no es madre, sus cuevas
son como huevos vacíos donde recojo mi carne
y olvido.
Nuevamente veré en las faldas del macizo
vetas minerales como nervios petrificados, tal vez
en tiempos remotos fueron recorridos
por escalofríos de criatura viva.
Hoy, después de millones de años, la montaña
está fuera del tiempo, y no sabe
cómo es nuestra vida
ni cómo acaba.

Allí está, hermosa e inocente entre la neblina, y yo entro
en su perfecta indiferencia
y me ovillo entregado a la idea de ser de otra sustancia.

He venido por enésima vez a fingir mi resurrección.
En este mundo pétreo
nadie se alegrará con mi despertar. Estaré yo solo
y me tocaré
y si mi cuerpo sigue siendo la parte blanda de la montaña
sabré
que aún no soy la montaña.

José Watanabe


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Saturday, March 26, 2011





Que nada nunca hizo llover igual. La pantalla lluviosa del inbox, graficada perfecta. Llueve en el correo. Me hace creer que estoy de vuelta en mi casa, cuando llovía, cuando se desgarraba el cerro pero estábamos juntos, adentro. Juntos. Pienso en mi confusión, cuando lloro tanto, que confundo el llanto con el inicio de un estornudo. Como hoy. Todo. Mi papá. Mi mamá. Su cuerpo. Sus cuerpos. Uno ausente. Mutilados los dos. El mío. El ausente. Mi. Luego yo. And Just Like That, and just like that, never ever did anything do. Serán todas las imágenes juntas de todos los hombres en mí, de todos los hombres, de las mujeres y todos, de la vecina que se teñía el pelo de rosa, con su french pooddle y su chaqueta morada de satín de los Yankees o los Lakers, recogiendo basura por todo Belgrano, porque sí. La forma de decirme "hola muchachita" del enorme enorme verdulero, que bien podía ser un carnicero, pero que con amabilidad agarró siempre una buena patata, grande, amable para la muchachita, haciendo cálculos con una máquina vieja, parado siempre, entre su camisa de cuadros roja y verde siempre, entre el chaleco de lana color pino, nunca sin. El día que lo vi comer en el parque cerca de la casa, solo, enorme, en una banca, de su plato de icopor. Al frente sentada yo, a lo lejos, entre las palomas y un humilde calor en la luz a finales de invierno. En granito. Muchachita. El sol, el sol, el sol que no nos calentó por mucho tiempo. El sol rosa. Quise despedirme de todos. Quise despedirme de mi papá, quise despedirme. Quise despedirme de tantas cosas y de tantos hombres. Aún en parte creo en la ineficacia de decir adiós. El sol rosa es la despedida y la presencia de todos. El verdulero, el del subte, equivocado, su primer día. El parapléjico que no quise mirar en la estación A. La mamá, que lo llevaba y se veía tan cansada. Hermann Hesse y Demian. Mi papá. Mi mamá y su feminidad. Ella cuando confunde las caras que sudan con las que lloran en el celular y me las envía sin saber. Ella. Y mi montaña con la que ya no sueño. Heidi. Tú. Y tú. Nunca nada ha llovido así. El correo, sin novedades, sigue lloviendo. Lo que voy a publicar en la ciudad del verdulero. Lo que se nos escapa.

Habrá algo, decía ella, que hace que así sea, que nada más sea, que llueva, y en su voz insiste que es algo específico. Que las dudas y los estornudos que dudan también hablan solos.

Tuesday, January 11, 2011


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If only I could listen to exactly what you hear when you press your head against those striped green colored pillow cases. It would be as if we were both underwater, together. Sleeping, swimming together. We could open our eyes without distrust, no tears. We could feel our rainy slippery skin slither on our skin with grace, wet swimsuits sticking to our bodies in a widely variety of shapes, you could even feel water fighting to fill the space between the fabric and our bodies against no one's will, shaping what's not shapeable, playing together, all at the same rhythm, all three, four, five of us, a hundred thousand, deep into the seabed, beating with pleasure our heartbeat's delight, the gradients of sound, all of us submerged, better sunken, tonight, in our skin, tomorrow night, together, all at the same pace.

Yours in the meantime, the heartbeat, at day or at night.

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Sunday, October 31, 2010

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Me encuentro buscando un triángulo. Me encuentro buscando conservarlos a todos ustedes para fines prácticos. Para estar con todos y con ninguno. Para luego perderlos y saber que (no) fue mi culpa. Pero justo estaba en proceso de redención. Un proceso siempre tan religioso y lleno de fe. Le contamos todo. Le dijimos todo lo que sentíamos que queríamos borrar. Y al final todo el plan fue abortado. Porque no hay redención posible, no se puede borrar, no se debe borrar, pero sobre todo, porque además de que uno en otro no te salva, él no habla, él no dice, él no es claro.
Últimamente sólo damos tumbos y turneos. Entre la libertad que creímos un fin y ahora no sabemos cómo aprovechar y la compulsividad de las microrrefutaciones afectivas olvidamos lo que Sagan nos recordó.
Y es que no es culpa. Y es que el pasado es de todos. Y es que no todos son de su pasado. Y sin embargo, quién puede afirmar qué cosa sobre quién. Tendríamos que confiar. Pero aún así la confianza parece fé y vuelve para atormentar al que no es dueño y encargarlo de su virtualidad. Y mientras tanto nadie se hace cargo, ni siquiera el que amenaza con no dejarse amenazar.
Y es que la duda cambia. Esa duda una vez plantada no sólo genera réplicas de paranoias anteriores y presentes en todo aquello que parezca o bien sea signo de alguna sospecha, sino más importante aún, apoya la aparición de la certeza de conocer los gestos nerviosos del enemigo. Todavía sometido, todavía visiblemente encriptado y avergonzado porque una y otra vez se hace visible. Y se abstiene de dar ciertos detalles importantes, digamos. La nueva duda destierra de su comodidad a todo aquello que antes, si bien podía ser su objeto, lograba salir a revelarse como otra cosa diferente a lo que el índice ahora indica (valga la redundancia). Vemos de repente que siempre supimos cuando dudamos. Y no dijimos mal. No pensamos mal. Podíamos soportar la existencia de afectos diferentes a esta cosa nueva sólo posible en el hueco que queda entre tú y yo. Cometimos el sensato error (el único posible) de suponer que así se veía también del otro lado del nosotros. Creímos el vacío más grande, más amplio, creímos que esa idea cabía en el otro. Nos creímos más amplios.
Pero somos pequeños. Somos eso que se junta pero se esconde. Y ¿no es acaso más ético hacerse cargo del deseo? ¿de los afectos? ¿no es hacerse responsables y no actuar como si se tratara de entregarle las cuentas al contador sino hablar y filosofar entre preguntas auto formuladas como amigos?
Y nuevas preguntas: ¿Y entonces? Si no fue suficiente con los miles de exorcismos de dudas bien efectuados para llamar a estrado a la segurísima de sí misma y ahora pueril palabra "confianza" por aquellos buenos días, ¿cómo se las arreglará ahora que ya no hay duda sino índice? Si no fue suficiente con el simulacro. Si hemos decidido continuar: ¿Quién podrá salvarnos? ¿Cómo pretendes que suceda? ¿Valdrá la pena?
Joyously awaking the ignorant and sleeping Passion and its brother hate, they come and go Could easily be made to stay for longer though Many people play this game so willingly Do I have to be like them, or be lonely?
Es el asco hacia la propia transparencia. Uno francamente detestable en sí mismo. Cada vez mayor. Errada o no, la transparencia cometida. Y es que el otro no puede pesar tanto como para generar errores que provienen de mi libertad, la misma que se creía fin. Pero lamentablemente eso sólo parece contar la primera vez. Todos nos equivocamos, ahora estamos pendientes de si la segunda vez va a ir a mi cuenta por la tuya. Qué falta de confianza. La mía, la tuya, la de él, la de nosotros, y de vosotros y de ellos. Y ahí sí, ¿será un fin la libertad cuando nos sometamos enteramente al dolor? Por completo: fin y final. ¿O será también acaso cuando tratemos de prevenirlo y amenazarle la entrada cada vez? Ya conocemos la compulsión. El deseo, el afecto, el dolor y la necesidad de aprender a evitarlo. El odio ahora sumado a la necesidad de llenarnos de motivos para seguir y encontrar que además, ahora se empoderan de nosotros más que nunca. Ya lo conocemos. Ya lo sabíamos, todo. La pregunta ahora es, ¿lo saben ellos?
Nicolás Gómez Dávila: Las perfecciones de quien amamos no son ficciones del amor. Amar es, al contrario, el privilegio de advertir una perfección invisible a otros ojos.
Love is no big truth, dice Erlend.

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Monday, October 18, 2010


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All of this to come upon and find immediate simple truth in this, which we had already heard, and Carl Sagan kept repeating long before we were born, something that carries true meaning and concerns us greatly: 
 "An organism in war with itself is doomed" —CS

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Monday, October 11, 2010


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(Para qué escribir para qué tomar fotos para qué contar historias para qué nombrar de qué nos salva para qué de qué salvarse si no lo hace y es la única forma pero de qué de qué de qué es la única forma si no lo hace, si no nos salva si nos desplaza para qué de qué nos movimos de qué por qué y si el silencio se pone qué queda qué si siempre nos movemos de qué salvarse pregunta nos salvamos bien qué hay detrás qué del morbo qué del exceso qué la grandilocuencia qué punto qué equilibrio cuál entre nombrar y callar y decir todo de la nada y aquello que nos sobra y aquello que nos salva y aquello que es definitivo y eterno. Y qué entre saber no hacer nada, y hacer algo, diferente de no hacer nada y hacer algo, cualquier cosa, en qué.)


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Friday, October 08, 2010



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Se siente cómo se rompe la insuficiente e incompleta metáfora del corazón. Pero nunca como antes, jamás otra vez tan noble, se termina hoy y ayer algo que quedará inconcluso, por siempre. Por primera vez se concluye de esta manera algo sin tregua por excesos de información. Aún cuando hoy habitados por afectos poderosos, el cuerpo se repliega con fuerza sobre sí en extrañamiento triste de todo aquello en lo que tanto antes confió para hacerse a un cuerpo. ¿Fue? A la larga viene toda esta avalancha de información extraña que se lleva consigo alguna cama de dudas. La pérdida de un bien se mitiga, pero he ahí la paradoja. No sólo porque no pudo haber sido de otra manera, sino porque existe la posibilidad y el deseo de otra forma alcanzable en otra.
Todo este tiempo. Todo habló más de mi necesidad, de mi capacidad. De eso de lo que es capaz un cuerpo. Cuánto tiempo. ¿Cuánta presencia es admisible?
Creí.
Mi cuerpo todo.
Se deslizan fácil, sin complicidad del recuerdo.
Ni una gota más.
La chica de Mullholand Drive llora.
No sé si sea cierto, pero probablemente lo sea. Tampoco eso quita toda la incongruencia y extrañeza del asunto. Tampoco eso me hace un día de no-sé-de-grises. Sé que no está bien. ¿Que mi fuerza y confianza no fueron a donde tenían que ir? Sé de grises más ahora que nunca. No serían las palabras más elocuentes del mundo, pero están subtituladas en algún lugar del cuerpo. Sé que no cambia nada. Y aún así, matices antes negados se entregan como dibujando con imanes en polvo. No hay comodidad posible. (?)
Qué tanta vigencia. Bueno, un ideal. La idea del otro. Esa que nunca se muere con el otro. Eso es lo que (se) persigue por siempre. Y aún así no se puede pedir no haber dado lo que se dio en ese corazón que se habitó cuando se hizo, cuando movió ese cuerpo particular y cuando perdió alguna cosa a cambio, en más de una oportunidad. No puede uno no sentirse arrepentido, ingenuo, triste. Pero no puede uno sentirse arrepentido, ingenuo, triste. Como pueda, termina de agarrar la metáfora incompleta por algún pie hasta hacerlo esquirla y entristecerlo por su tristeza torpe. Tristeza harto anterior pero algo mía. Mía que no importa quién, o cuándo, a la larga habló de mí más que de otro. ¿Ahora esto? Tristeza aburrida, ingenua por esperanzarse como conclusión en el pensamiento. No fue en el pensamiento que murió. No ha muerto así. Ha cambiado en su forma. Ha agarrado camino en aquel que abandonó hace tanto, en el único de la fuerza. Fue mi cuerpo otro cuerpo entonces, y no por ello deja de ser el mismo, no deja de ser un cuerpo que cambie su búsqueda, aunque algo se modifique. Eso veo, por ahora. Mis nutrientes hablaron más de mí que de ellos mismos. Pero no me gusta subestimar. Le dejaré hablar. Me dejaré hablar. Que no hay comodidad posible.
Llevamos latiendo de nuevo desde hace tanto tan llenos de otro cuerpo, aún así agarrados de repente en el mismo cuerpo que busca y come y desea y ama, por cierta desambiguación que como agua fría responde mal que bien a ciertas inversiones, expectativas, y presencias absurdas del dolor. Tal vez en algo ayude a mis neurosis y me de una razón perversa para seguir creyendo aquello de que por inteligente no idiota (será un axioma que en realidad debe derrotarse pronto). Explicarlo todo a través de lo obtuso del otro es bien mediocre. Ahora, aún cuando no puede decirse: "faltaba esta pieza", porque más bien da la impresión de que muchas sobran, de nuevo, esto cambia todo. ¿Quién no dice que soy yo la que no se contenta con una explicación facilista del otro? soy yo la que por hacer crucigramas no entendió la sopa de letras, ¿quién dice ahora que no sólo fue ese deseo de posibilidad el que barnizó la incompetencia, cobardía y consecuente falta de cortesía de alguno que otro transeúnte?

Lo dejaré hablar.
Se rompe.




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Tuesday, October 05, 2010

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It is true that presence is less delicate in its effects than absence. It is true that it is rare to be able to dream of someone in their presence. To touch them and dream you are touching them. To talk to them and dream you are talking to them. To look at them and dream you are looking at them. Now, the presence of the other has to be like a dream. Otherwise it becomes unbearable. Pure presence is unbearable.— Jean Baudrillard, Cool Memories


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It came to us very late:
perception of beauty, desire for knowledge.
And in the great minds, the two often configured as one.

To perceive, to speak, even on subjects inherently cruel—
to speak boldly even when the facts were, in themselves, painful or dire—
seemed to introduce among us some new action,
having to do with human obsession, human passion.

And yet something, in this action, was being conceded.
And this offended what remained in us of the animal:
it was enslavement speaking, assigning
power to forces outside ourselves.
[…]

But the facts persisted. They were among us,
isolated and without pattern; they were among us,
shaping us—

Darkness. Here and there a few fires in doorways,
wind whipping around the corners of buildings.


Louise Glück


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Dicen últimamente que mi umbral de tolerancia a lo perturbador ha cambiado y me he vuelto más resistente a las palabras, a decir aquello que retumba cuando se pronuncia. Contigo he aprendido eso, de a poco, algo de valentía en el nombrar. No como deseo, no como esperaba, diferente. Y a estas entiendo de qué luchas eres ahora tú mi objeto. Hablar. Ya no lo inombrable, ya no de lo inefable.
He luchado desde siempre por saber nombrar. Quería defenderme, invocar a Saul Williams desde chica. No tener miedo, luchar. En esa época tuve la impresión de que había malgastado mis fuerzas, que sencillamente había estado en un lugar equivocado. Que el mundo era otro y no ese que había visto antes. Que simplemente era un problema mal formulado por falta de referencias, de palabras, por excesos ajenos, por faltas propias. Me había sometido. Se lo atribuí al lenguaje. Lo justifiqué y lo sentí en el lenguaje, eso de que de todos esos lugares no había sido ninguno mi lugar. Y aún así había aguantado, había sido, existido, algo paralelo, algo que no era yo. No tenía nada que perder. Pude tomar distancia. Pude perder la decencia y la rabia.
No era necesario nombrarlo todo. No era posible. No lo es. Pero nunca antes tuve tanto de qué defenderme como de él. De repente no dejaba nombrarse más. De repente llegó con nombres nuevos, formas de explicación, de justificación que ya no permitían ser nombrados sino por él. No fue suficiente con parar en la diferencia. No fue suficiente con hacerla notar, no fue suficiente con buscar y repetir e insistir millones de veces hasta buscarme de nuevo e insistir, sólo para hacerla notar y repetir. Siempre fue así. Recordando, no me genera ya un impulso determinante y convencido de sí mismo, de que, si miro bien, ya sucedió antes, ya me digo ahora: no debí, y de que puedo entonces tomar fuerza y asumir que esto ya no me incumbe. Me llenaba de satisfacción ver cómo regresaba una y otra vez su tontería, me llenaba de ilusión por una comprensión mayor. Ya no. Siempre hablamos demasiado.
A pesar de todo, puede ser ficticio, pero parece que puedo diferenciar ese exceso de palabras, de su falta presente. Ahora pareciera nunca haberse ido aquello por lo que luché desde siempre. Una forma de dignificación de la existencia que tal vez necesita con urgencia de palabras nuevas. Sí puede nombrarse. No sé si puede llamarse una defensa, porque ya no confío en aquellos atributos de bachiller mediano. Pero, por ejemplo, se hace sorprendente cómo la defensa, en las manos equivocadas, puede ser una justificación en sí misma para la exigencia de su total contrario. Hoy digo, no nos defendemos de cualquier cosa, baby. Pensé que era muy poco refinada. Que esas sensibilidades antes tan finas se mostraron rancias y ramplonas, desatables con tan sólo media duda, acosadas por angustias neuróticas y psicóticas. Como fuera, establezco hoy que lo que faltan fueron siempre palabras. No dejarán de hacer falta. Pero su falta no tendría porqué haberse aprovechado insensatamente. Sigo siendo la misma, tal vez, con las mismas costumbres de revisar y prevenir. Fatal. Pero luego de un largo, larguísimo silencio, entiendo que aún cuando volví (sin asegurarlo), el miedo a lo indecible no me invade. A ver si la decencia que perdí se valida. Acercarme a aquellas cosas que aparentemente sólo con cierta luz o mirada podían ser claras, y verlas de cerca. ¿Tengo dudas? A la enciclopedia. Si no puedo confiárselas, pensaba antes, ¿por qué hacerlo con el mundo? El mundo se me permite abstracto, cómodamente abstracto, cuando mantiene su anonimato. Me aprovecho de ello y no me enorgullezco.
He luchado contra eso durante los últimos años. La distancia cuando por fin. Cuando por fin estaba llegando. Me conquistó por saber nombrar todo aquello que yo había puesto en otros términos. Aquello a lo que me había sometido sin placer. Ahora quiero someterme a algo válido. De a pocos pierdo el pudor para hablar. No sé si me alegra mi versión del mundo en este momento. Agresivo, ridículo, aislado. Sin embargo, admiro a quienes atraviesan la piel con palabras de nuevo. Hesse, Demian, Saul Williams, Andrés Neuman. Pareciera que fuera eso lo único que guarda sentido al volver.
No quiero explicarme toda, no tengo tantas pretensiones. Sé que mi problema es el nombre, mi debilidad, como cantan, mi brillo, lo mismo que me empaña. Lo mejor de mí está demasiado cerca de todo aquello a lo que me sometí sin saber. Es un Catch 22. Todo podría ser usado en mi contra. Así se ganó la misericordia lo indecible. ¿Y así morirá? No nos confundamos de target.

Suena: Un avión, un pájaro y tú, que duermes.

Tuesday, September 21, 2010

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"Houses, gardens, and people were transfigured into musical sounds, all that was solid seemed to be transfigured into soul and into gentleness. Sweet veils of silver and soul-haze swam through all things and lay over all things. The soul of the world had opened, and all grief, all human disappointment, all evil, all pain seemed to vanish, from now on never to appear again. Earlier walks came before my eyes; but the wonderful image of the humble present became a feeling which overpowered all others. The future paled, and the past dissolved. I glowed and flowered myself in the glowing, flowering present. From near and far, great things and small things emerged bright silver with marvelous gestures, joys, and enrichments, and in the midst of this beautiful place I dreamed of nothing but this place itself. All other fantasies sank and vanished in meaninglessness. I had the whole rich earth immediately before me, and I still looked only at what was most small and most humble. With gestures of love the heavens rose and fell. I had become an inward being, and walked as in an inward world; everything outside me became a dream; what I had understood till now became unintelligible. I fell away from the surface, down into the fabulous depths, which I recognized then to be all that was good. What we understand and love understands and loves us also. I was no longer myself, was another, and yet it was on this account that I became properly myself. In the sweet light of love I realized, or believe I realized, that perhaps the inward self is the only self which really exists."

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