impulsos muy básicos
[ la copia de la única salida en esa noche de hace casi un mes]
Suena la calle, sus voces, los ruidos de la lluvia ahora ausente, su rastro, las luces, los vidrios empañados resuenan desde el sótano que las escucha. Los carros la pisan, la llueven otra vez y los pocos caminantes se miran rápidamente en el cruce de sus instantes cuando huyen de todo a la vez, del frío acelerador del espacio y de la mirada del segundo, quizás mismo, transeúnte que se observa. Desde aquí, desde mi puesto, no escucho sino los ruidos corporales del movimiento de las grecas, del café, de la mujer que a unos pasos de mí lava las cacerolas y piensa en la distancia en algo más lejano que yo (y que yo en mí), que lo que la piensa, que lo que la imagina y que por estas locuras llega a preguntarse cuál de las dos estará más cerca a su presencia.
La servilleta ahora puede quedar vacía, sin música escuché lo inaudible, con ella existí y sin ella aprendí. En lo oscuro de la noche húmeda, todos los ruidos son más fuertes y parecen acercarse a la melodía mejor de lo que en la ausencia escribe la presencia de la cura, la melancolía que grita a la espera de quien la sumerje en el placer, la música que en la gota que acaricia la hoja más alta de la punta del árbol, hasta romperse y estallar en la calle vacía, habla en el misterio del instante, canta en el sonido de lo inaudible y se atrae por fin en la ausencia de todos a la presencia única y solitaria del papel, de la pluma, en algún lugar de lo inconcluso, aquí.
Y suena y resuena y su sonido no será escuchado nunca más, por nadie, ni por mí. Quizás exista sólo la presencia del grosor y el estampado de una servilleta de cafetería como promesa atestiguante del testimonio de un sonido, sonido multibramante, sonido necesitado, necesario, del sonido de su sonido, sonido multibramante.
lam: Split needles. The shins
[ la copia de la única salida en esa noche de hace casi un mes]
La servilleta ahora puede quedar vacía, sin música escuché lo inaudible, con ella existí y sin ella aprendí. En lo oscuro de la noche húmeda, todos los ruidos son más fuertes y parecen acercarse a la melodía mejor de lo que en la ausencia escribe la presencia de la cura, la melancolía que grita a la espera de quien la sumerje en el placer, la música que en la gota que acaricia la hoja más alta de la punta del árbol, hasta romperse y estallar en la calle vacía, habla en el misterio del instante, canta en el sonido de lo inaudible y se atrae por fin en la ausencia de todos a la presencia única y solitaria del papel, de la pluma, en algún lugar de lo inconcluso, aquí.
Y suena y resuena y su sonido no será escuchado nunca más, por nadie, ni por mí. Quizás exista sólo la presencia del grosor y el estampado de una servilleta de cafetería como promesa atestiguante del testimonio de un sonido, sonido multibramante, sonido necesitado, necesario, del sonido de su sonido, sonido multibramante.
lam: Split needles. The shins
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