Thursday, November 22, 2007

"Moving, moving since creation.
For ever the winds blow, for ever the waters move,
not for one moment since creation have they been still."

Hoy
Suena a viaje. Suena a irse lejos. Suena mejor, a que no estoy acá. Sabe también. Y hace frío, pero acalora. Acalora el frío. Hace sudar como la fiebre y sólo tensa las fibras.
Sólo a veces algo es acogedor: una cobija bien puesta, una buena comida, que no dé asco, pero que no sólo sepa bien, que no sólo se vea bien, porque he descubierto que eso es bien banal. Interesados por el sabor y las formas, como las comidas que nadie come, son las ideas que nadie piensa, de esas que dan asco. Esas sí sirve comerlas, pero a veces llegan también a dar fiebres y fríos, y esa incólume tensión de fibras. Acá no sirve una comida que dé asco, ya de por sí existe la tensión de fibras (será por haber pensado demasiado). Necesitamos una comida que sea como un tomate cherry caliente, tibio, limpio, caliente, caliente pero que no queme, que sólo esté a la temperatura adecuada. Como un sueño que recuerde la infancia. Una buena comida que recuerde al niño, una que sea por fin ese algo que sólo a veces es acogedor, aún en su ausencia.
Pero suena a viaje.
Suena a irse lejos.
Suena mejor, a que no estoy acá.
Sabe también.
Se toca con los dedos que ya no hay vínculos vigentes. Silencio. Y luego esos contados momentos. Será que ya no soy, que entonces propiamente soy y todo es lo que alcanzó a ser. Y yo misma lo he visto sin verlo: no me reconozco entonces en ningún rostro, ningún sabor, ningún olor. Sólo lo que toco y saboreo en esos momentos breves. Y sólo lo que me rodea cobra sentido cuando noto que lo pierde. Será que ya no poseo nada. Será que ahora ya entonces todo es mío. Así es: todo. Hasta el cansancio me cansé. Y hasta el cansancio se vació. Todo, cuando ya no lo deseo, cuando ya la intención y su objetivo disparejo me atravesó. Soy como la gran aproximación, veo el espacio vacío que nadie ve, y no sé porqué lo veo, porque el cuadro es claro en que el lugar que representa carece de presencias humanas. No hay nadie: sin nadie, es un campo a la tarde. Es un lugar, pero nadie lo ve. Y está en su ocaso. Entonces los árboles se visten de noche y pintan el cielo en negativo, pero también en vacío, con ramas que simulan brazos de algo que se opone a lo que traza, como la dualidad de lo que a la luz se descubre pero en otro lugar oculta, que sustenta al cielo como cristales amarillos pálidos, del color de la nostalgia que no tiene un recuerdo al cual acudir. Nada parece tener contacto con una gota de clorofila. Los charcos, agua en el piso que atestigua el paso de una tormenta y de un viejo, joven en su obrar, lejano al niño extasiado, ahora charco, ajeno a su fin. Los charcos repiten la luz, se acercan al cielo clausurante.
Y sólo puedo pensar que el vértigo es el síntoma del abismo. Que se manifiesta en la involuntad. Que se manifiesta en el silencio. En la cercana depuración ya vacía en su intención porque hecha certeza no conserva, simplemente está sola frente al abismo de lo inconmensurable comprendido.

1 comment:

Cordiapanamensis said...

Todo viaje es imposible. Siempre estamos quietos. Y eso es lo que nos desespera. A mí también me gustó este sitio.